Imagino cuán difícil deba ser asumir un personaje que no posea nuestra edad, ni nuestras características físicas, ni nuestro tono de voz, giros del lenguaje y referencias, así como nuestra manera de caminar, vestir y comportarnos, pero sobre todo asumir a alguien que ha tenido una historia común con los ancianos cubanos de estos tiempos con una experiencia de vida diferente a la nuestra y lograr, como Luis Silva, al representar a Pánfilo, una teleaudiencia tan numerosa, hasta el punto de estar en la preferencia.
Dicen que los cubanos y cubanas, solemos reírnos de nuestros problemas, que pasamos por encima de nuestras carencias y solemos crecernos ante las dificultades, lo cual es cierto. Pánfilo es un cubano más. Detrás de este personaje y de todo el programa Vivir del cuento hay una idiosincrasia y una cotidianidad que refleja las raíces más profundas de nuestra manera de ser y sentir como cubanos y cubanas de hoy.
Ser capaz de provocar una sonrisa y hacernos reflexionar, es el mérito de Pánfilo a quien solo puedo homenajear para unas veces llorar sus penas, y otras reír con sus bien logrados chistes.
Chaplin hizo reír a este mundo, criticando las miserias humanas. Fue su humanismo el que hizo reflexionar y aportó una experiencia de vida y una visión desalienadora. Ha quedado para la historia su filosofía de vida que es una crítica social que nos invita a vivir cada día a plenitud sin pasar por alto nuestros conflictos.
Pánfilo es eso, el Chaplin de nosotros los cubanos y cubanas de hoy, él nació acá en Cuba y nos hace renacer cada nuevo programa con la esperanza de que sí, «un mundo mejor es posible».
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