El hombre perfecto

El hombre perfecto es aquel, el de la moto, y no es hombre, es tipo o es chacal. Es alto, peinado a la moda y no estudió en la universidad, se graduó de fisiculturismo en un gimnasio. El hombre perfecto no baila con Van Van ni escucha Arjona, prefiere el estilo “yomildanístico”. Su colección no es de novelas de García Márquez, es de zapatos con brillo, de gorras de paleta, de jeanes apretados. No le interesa el cine porque eso es cosa de viejos, mas gusta de las series de narcos, de los disparos, de los tipazos que matan y no lloran. No dice chistes ni es sarcástico, y si lo hace es para burlase de los pequeños, de los que no son como él, de los imperfectos. El hombre perfecto es aquel, el de los tatuajes en el cuerpo o el que su cuerpo es un tatuaje, aquel, el de la cajetilla de H. Upman y la Cristal en la mano.

El hombre perfecto habla poco y es muy serio. No dice “buenos días” ni “¿cómo estás?”, lo resume todo a un “¿qué bolá?”. Es muy original, impone sus propias leyes, las de la calle, las de los hombres de verdad. Usa palabras que no existen en la lengua española: “guachineo”, “chambonea”, “parisiar”. Es feliz, no necesita nada más, y si necesitase algo no es una mano amiga ni un amor que lo entienda, es un carro nuevo o el último modelo del Galaxy. El hombre perfecto no va a museos, no sabe de historia, mejor vive el presente, sus días de fiesta en fiesta. Busca chicas diferentes, una para cada ocasión, tantea, intenta encontrase con su chica perfecta, la mujer perfecta, su complemento ideal, la de las uñas de acrílico, las puyas doradas y las novelas mexicanas. Y no es mujer, es jeva o es cañón. ¿Serán sus hijos perfectos?

Por: Pedro Jorge Velázquez Rodríguez

Sobre El observador 122 artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

3 comentarios

  1. Está muy bueno el artículo, lo que hace falta es que llegue realmente a la conciencia de nosotros, los jóvenes, y sepamos quienes y cómo queremos ser, y, sobre todo, que queremos para nuestros hijos.

  2. Me gustó: muy irónico, actual y fresco. Pero, ¿esos hombres tendrán también sus cerebros tan “perfectos” como para interpretar adecuadamente los encantos de la ironía y el sarcasmo?

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