Un día de mi vida [Para la Imaginación]

por Juan Carlos Subiaut Suárez

¿Qué tiene de singular un día en la vida de un hombre? Todos son iguales, se sigue la misma rutina, nos despertamos, nos ponemos presentables, salimos a tomar la guagua del trabajo, con trabajo –codazos, empujones y algún otro apretón – nos montamos y de casualidad, alcanzamos un asiento vacío, entre saludos y otras amabilidades, reales o fingidas, diplomáticas diría alguien. El viaje de siempre, llegar al Hotel, una nueva tanda de saludos, esta vez más cordiales, al menos entre gente que lo soporta a uno todo el día y en lo fundamental comparte mis problemas. Marcas tarjeta, el desayuno real en el comedor de empleados (casi leche o jugo, pan y aderezo con mostaza y catchup y algún remedo de embutido) y el desayuno de problemas (la reunión diaria con el jefe, el listado de cosas pendientes, que sigue cuesta arriba no importa lo que se haga y el listado de las nuevas, que casi siempre es estratosférico cuando se avizora alguna de las frecuentes visitas). Después y siempre antes de comenzar con la primera encomienda, aparecen las prioridades, casi siempre enfundadas en la voz por trunking del D. G. que nos hacen mandar a la mierda toda la planificación anterior y mucho menos cumplirla. Si sucediera solo a primera hora, quizás fuera soportable, pero se repite indefectiblemente y sobre todo, a la hora en que supuestamente terminas tu jornada laboral y estás recogiendo y organizando apurado tu salida, pues se te va la guagua de regreso. A veces pienso que no es un exceso de celo profesional, o que tiene que tomar la batuta y asumir la conducción de un problema pues los varios subordinados que debían haberlo hecho en su tiempo no lo hicieron o no quisieron hacerlo; otras que lo hace con sádica satisfacción de hacernos correr imponiéndonos su autoridad – sintiéndonos de paso avergonzados por ser señalados por la radio casi pública – en la solución de un problema en que a veces no tenemos ni siquiera vinculación. El almuerzo, que el trunking parlanchín no deja ni paladear – la digestión se hace trabajando – , tratar de socializar con tus compañeros de labor, no algo nuevo, lo de siempre pero con algún ingrediente que lo hace novedoso o al menos digno de escuchar – el nuevo gol de Messi, la victoria de los Cocodrilos, lo buena que está la jevita que entró de camarera, en fin, retornar a la tarea con una cosa en el estómago y otra en la mente, para soportar la nueva andanada de llamadas por el aparato, menos mal que él no siente ni padece, si no ya se hubiera cansado del D. G. y le hubiera dicho, como quieren varios: Váyase Usted a la porra, señor mío! y lo hubiera mandado para casa de la puritísima hostia; pero no ocurre y uno se contiene con la esperanza que amanezca otro día el gallego con otro disco y nos deje más tranquilos. Pero en fin, tranquilidad para qué, es mejor tener la mente ocupada, si no se te funde el aparato  pensando en que no te alcanza con lo poco que te pagan, con los problemas en la casa que se acumulan de domingo en domingo y que sigues rompiendo los compromisos que le hiciste a tu mujer de resolverlos algún día en que tengas tiempo, en fin, que transcurre la jornada y termina sin darte cuenta, alguien te avisa y sales corriendo, ya sin tiempo, te cambias, marcas tarjeta y sin aliento, te derrumbas en un asiento en la guagua de regreso, llegando en un duermevela a casa, donde te espera la D. G. a domicilio, que no le hace falta el trunking para que se enteren los vecinos de lo despreocupado que eres, que no le tiras ni un hollejo a la casa, que el fogón está en huelga y el refrigerador ofreciendo espacios en alquiler. Te tiras un baño y te acuestas taponeándote los oídos para refrescar y tratar de dormir, recuperando fuerzas y ánimos para enfrentar el nuevo día, con la esperanza que sea distinto.

 Marzo de 2015

Sobre alex92 15 Artículos
Lic. en Ciencias de la Información. Técnico Medio en Informática. Aficionado al más universal de los deportes, loco por la música Rock y los libros.

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