Topes o los juegos del azar (II) [Crónicas de un Aventurero]

II

Una pira compuesta por mochilas y bolsos era el centro de la –podríamos llamar- “congareíto”; alrededor de la cual bailaban todos en círculo hacia adelante y hacia atrás.

Fue inevitable que múltiples miradas les asediaran: semejante congregación de “extraños” causaba más que curiosidad, (en un lugar donde seguramente todos se conocían). Así ocurre en los pueblos pequeños; una chispa de rareza atrae a los ojos menos acostumbrados a la presencia de almas y espíritus libres.

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Mientras que el grupo continuaba con su baile y diversión, a expensas de otras miradas quizá envidiosas de aquellos movimientos y ritmos que proyectaban –“exotismos” dirían algunos- la congareíto se hacía más efervescente: se convirtió en menos de diez minutos en una espiral humana que bajaba y ascendía en una verdadera explosión de emociones.

La música acabó paulatinamente, sin embargo, la noche aún era joven; había otras sorpresas esperándolos. Nunca le pasó por la mente que podría estar a solo unos metros de allí un Cupet donde acabarían teniendo una segunda descarga. El ritmo provenía de un Lada 1600. ¡Qué afortunados! Su dueño parecía importarle un comino el mundo aquella hora: su música venía en tono imperativo para todos. Fue como echarle azúcar a las hormigas. Enseguida los mochileros estaban allí e hicieron segundas rondas a los reguetones, salsas, congas y merengues.

Cuando el sudor ya desteñía blusas y pulóveres ¡llegó la policía y mandó a parar!: Kronos indicaba ya pasadas las tres de la mañana, hora en que los más débiles susurros pueden alcanzar distancias insospechadas, así que ¡imagínense! ¡hasta dónde habrá llegado el retumbo venido en bafle de automóvil que inspiraba a nuestros incansables muchachos!

¿¡Ya era suficiente!? ¿Habría más acción en lo que restaba de madrugada? Quizá por la   curiosidad de descubrir las próximas sorpresas o por evitar una desavenencia con los jefes del orden, los mochileros decidieron seguir rumbo a la terminal de ómnibus del municipio.

Allí esperarían hasta las 5: 00 am, hora de salida del transporte que pondría fin al viaje sobre ruedas iniciado en Santa Clara la víspera. Al llegar, el grupo se encontró con un CVP bastante exhausto; sus ojeras –para algunos- hubieran parecido ampollas rellenas con café bebido en jarra para evitar el sueño.

Topes o los juegos del azar (I) [Crónicas de un Aventurero]

Por desgracia, la terminal de Manicaragua es bastante incómoda; a ello había que sumarle el aspecto inhóspito que le otorgaba el ambiente de madrugada. No obstante, como “juventud es divino tesoro” y no hay mejor tesoro que tener buenas ideas y una mente cargada de imaginación: había que trasformar aquello en un locus amoenus durante las dos horas que les restaban. Así fue.

Sin dificultad hallaron la solución: un juego era la clave para espantar a Morfeo. De esta manera, el grupo convertido –literalmente de la noche a la mañana- en bailarines, ahora se transformaban en jugadores natos de Cultura-chupística-etanólica-etílica: ludus frankensteniano entre lo que podría ser una Neurona intranquila y una Ruleta rusa en la que –como de algún modo su nombre indica- el Ron en Caneca que les quedaba, sería el protagonista y el motivo principal de la muchachada.

¡En efecto! El desempeño de unos y otros en dicho juego “culturístico”, logró atraer otra vez la risa y el entusiasmo de las masas: las respuestas equivocadas o la ausencia de ellas debían someterse a un ruso (un trago largo) del que lo cometía. De este modo, entre neuronas puestas a prueba bajo efectos etílicos transcurrió la primera hora de la espera paciente. Por fortuna para todos, no hay ron que dure cien años ni hígado que lo resista por tanto tiempo. Quizá fue esa la razón o el verdadero peso en toneladas que les lanzaba Morfeo desde los cielos, que nuestro escapado grupo cedió por fin ante el agotamiento, más mental ahora que físico.

Esta vez no fue una pira de bagaje lo que pudo llamar la atención de algún transeúnte que durante aquellas horas podría haberse acercado a la terminal. No, era una ¡pira humana!: los jóvenes, desfallecidos, se sirvieron de almohada entre unos y otros, como montículo construido no por termitas, sino por la mano invisible del cansancio.

Ellos serían los primeros en abordar, sin discusión. Por lo tanto, era impensable que ocurriera algo semejante a lo sucedido en Santa Clara durante las primaras horas. Les colmaba tal vez un orgullo, en el interior de cada uno por haber sido protagonistas de la noche, pero sobre todo el haber compartido cada momento juntos, sin la fragmentación del pelotón. Y ¡en efecto! por rendirle honores al refrán de que “no van lejos los de alante si los de atrás van bien”.

4:45 am: listos para el abordaje. El cajón o microgüey también había “dormido” parte de la noche en la terminal, esperando la salida en su hora. De repente, el chofer daba indicaciones a la señora de la cabina y se alistaba. Mientras tanto nuestra tropa, ya lista en el andén no.2, preparada y sin presión de ningún tipo, bostezaba con cuidados, ya que no hubo pasta ni cepillo esa mañana.

Continuará…

Sobre dvstoledo 4 Artículos
Lic. en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Aventurero por vocación

1 Comentario

  1. Deja que esta tropa se vea por estos rumbos digitales!
    A los lectores exhorto a unirse a la nueva aventura que viene por delante, que nos llevará hasta el Pico San Juan.

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