Rastros de mentiras y la verdad que nos dejó

La telenovela que hace algún tiempo culminó, si por un lado se ganó el favor del público cubano, por el otro, obtuvo un veto de repudio que todavía muchos intentan ocultar.

Rastros de mentiras o Amor à Vida se caracterizó por la presencia insólita del personaje de Félix Khoury (Mateus Solano). Este rol, probablemente el mejor logrado de todo el audiovisual, encarnó de manera peculiar al protagonista antagónico durante la primera fase de la telenovela.

Tal vez por la compleja configuración de su papel: envidioso de su hermana Paloma (rasgo que no pocas veces nos recuerda al famoso mito de Abel y Caín), rechazado por el padre orgulloso y conservador, por los marcados rasgos femeninos (una homosexualidad reprimida), pero mimado por una madre sobreprotectora, de mentalidad profundamente superficial y materialista ante los valores humanos; creó quizá durante los primeros capítulos un rechazo mayoritario (tal vez por lo conservadores que han sido los culebrones brasileños puesto en Cuba sobre el tratamiento de la homosexualidad).

Sin embargo, Félix tiene el carisma, la espontaneidad, la inteligencia suficiente que le falta al resto de los protagónicos, aun por encima de su hermana Paloma (Paola Oliveira): sobre todo su bastante humorística e irónica manera de citar diversos pasajes y textos bíblicos durante las situaciones de clímax determinados.

Es precisamente esa ambivalencia, de repudio-atracción, por parte de la mayoría de los espectadores cubanos, lo que nos lleva a extraer algunas consideraciones que pueden o no, estar erradas.

Las reacciones del público cubano más conservador (que bien pudiera ser el que vive en las áreas rurales, menos acostumbrado a ciertas situaciones de libertad sexual) difieren de las del público que observa la telenovela desde las urbes donde hay menos rechazo. Por desgracia, y aunque pudiera parecer mentira en un país donde se realizan esfuerzos por minimizar el rechazo a la homosexualidad, esto sí sucede con mucha frecuencia hoy día.

Los múltiples comentarios y opiniones al respecto, son diversos; pero la mayoría se desvían por la tangente: “Esta es la novela en la que más maricas tiene” (por no usar aquí un término más peyorativo) o “Mira al par de maricas ese…” han sido los comentarios de repudio más comunes que, curiosamente, se escucharon en boca de televidentes hombres.

El adulto mayor -un público complejo, si se tiene en cuenta que su generación vivió momentos de crisis sobre todo en materia de aceptación o que, en muchos casos, los temas como la homosexualidad o el embarazo por inseminación artificial eran vedados en casi todas las plataformas de difusión- también se hizo sentir: “En esa novela hay una cochiná armá” (por supuesto, haciendo énfasis en la relación Niko-Eron y Félix- Angelito; además del trío amoroso que incluyó al rol de Amarilys (Danielle Winits) y su vientre de alquiler. El asunto del vientre solidario es casi totalmente ajeno al público cubano, sobre todo para ese adulto mayor que también observa el culebrón, y lo interpreta como algo salido de la ciencia ficción. Valdría la pena valorar este asunto, incluso en aras de informar a la población desconocedora, a pesar de que en muchos países no se permita o no sea frecuente esta práctica.

Por otra parte, muchas de las mujeres jóvenes se sintieron muy contentas con el personaje de Félix; varias reconocieron en él a un hombre de buen gusto por la moda, el uso del lenguaje, su humor negro, sarcástico, irónico, lleno de inteligencia, perspicacia y carisma.

Evidentemente, para arribar a conclusiones certeras en este sentido, hubiese sido mejor optar por la realización de una encuesta al público, con todo lo que ello implica. Sin embargo, no hay que ser tan ambiciosos para notar que muchos espectadores cubanos observan las ofertas televisivas (independientemente que sean telenovelas o no) con bastante intolerancia y poco ojo crítico. El famoso beso entre Félix y Niko en la entrega final, causó furor (y no solo en nuestro país). Mucho hablaron de ello los críticos y la prensa internacional, referido al conservadurismo en las producciones de OGlobo International.

“Como en la novela… que se acabó con dos machos rechupeteándose en la boca”, fue otro de los comentarios que pude escucharle a alguien, curiosamente, otro hombre. Tal parece como si los televidentes no hicieran el pacto de verosimilitud y creyeran que lo que pasa en el culebrón es totalmente cierto, como si olvidasen que es un producto de la ficción; pero, aun así, lo censuran y no se concibe que, en la pantalla de los hogares, dos seres humanos del mismo sexo estén besándose.

En definitiva, hay un público cubano (conservador, en efecto) que continúa sin aceptar lo diferente, lo diverso, lo raro, lo poco usual, y que el machismo todavía impera en nuestra sociedad con raíz profunda. Quizá el hecho se tolere en la calle, o en la esquina de un parque, pero aguantarlo todas las noches en el televisor del hogar, frente a niños y ancianos noveleros, parece demasiado. Probablemente, cuando pasen tres años y pocos recuerden a Rastros de mentiras; lo mínimo que hayan retenido habrá sido uno de los tantos comentarios peyorativos e hirientes: “¡Ah, sí… la novela aquella de los maricas!”.

Por Delvis Toledo (futuro colaborador)

2 Comentarios

  1. yo realmente no vi mucho la novela pero si no hubiese existido ese personaje la novela no hubiese sido un exito, hay q reconocer q fue el mejor personaje.
    hermano muchos saludos y continua así, actualizando, tu sabes buen dia.

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