¿Por qué aun llevo en mi billetera el carné de la FEU?

Hay pequeños detalles en la vida que te hacen comprender las  verdaderas razones de nuestras acciones.

Hace unos pocos días me encontré con  un joven, quizás mayor que yo, en una concurrida parada de la ciudad de Santa Clara. Antes de que pudiera siquiera reconocerlo, y mirando la ropa que yo llevaba, me dijo: ¡Caramba hace rato que no veía un pulóver del ´90!

Ante mi expresión de asombro, me comentó que los suyos, están nuevecitos y que no los usa porque quiere enseñárselos a sus hijos cuando crezcan, y decirle que él estuvo en los 90 años de la FEU y que eso lo hizo sentirse importante.

Guardando esa anécdota en la memoria, tuve la posibilidad en días más reciente de presenciar, en vivo y en directo, la gala por el 95 aniversario de esta organización. Aunque ese día volví a saludar a viejos compañeros de batallas y me abracé con amigos de la infancia que hacía años que no veía, mi mayor sorpresa fue percatarme, al sacar de mi billetera donde guardaba la invitación, de que aun a más de dos años de graduado y a siete de que me lo entregaran: aun conservaba en buen estado mi carné de la FEU.

Los 95 de la FEU

Sorprendido intenté responderme ¿Por qué aun llevo en mi billetera el carnet de la FEU?  Estas son las respuestas, las cuales regalo hoy, fecha fundacional y de celebración para esta organización (con rima y todo).

La FEU no es un estado, es un modo de vida, porque cuando ingresamos a la FEU, si lo hacemos de verdad, jamás podemos, ni queremos, salir de ella.

Porque en la FEU uno puede conocer al amor de su vida, incluso aquellos que diariamente dicen «la novia que tengo ahora sí es el amor de mi vida, de verdad, caballero».

Porque en ella conocimos el pegamento de harina de pan para «ensamblar» escenografía en festivales de aficionados y nombramos los espaguetis  como el plato nacional del becado.

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Porque en ella uno puede conocer al hermano o hermana que nunca tuvo, ganarse amigos para toda la vida y hasta encontrarse un primo que no conocía en medio de unos juegos deportivos.

Porque nunca podremos olvidar las noches de desvelo antes del examen final y las celebraciones después de los resultados, donde siempre alguno, ya aprobado académicamente, cogía con precaución otra «nota».

Porque nos reíamos cuando alguien decía: ¡Ustedes, los feos de la FEU! Aunque algunos eran bien parecidos y los demás feos sin remedio.

Porque no había diferencia entre escalar el Turquino y apoyar la docencia en una secundaria o un preuniversitario. Todas era igual de emocionantes.

Porque no es casualidad que al culminar estudios te exijan entregar tu carnet de estudiante pero no el de la FEU: nos convertimos en graduados pero jamás dejamos de aprender.

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Porque ya vencido el carné, no me sirve para entrar a centros nocturnos y recreativos a menor precio, pero sí es el boleto perfecto para reencontrarme, desde la distancia, con mis compañeros de clase.

Porque ha sobrevivido a varios cambios de billeteras, y aunque sigue sin caber exactamente en ella, me permite conservar como resguardo, junto a otros héroes de la patria estampados en papel moneda, a quienes dijeron: ¡Muero por la Revolución! y ¡Que nuestra sangre señale el camino!

Estas son mis razones ¿y las tuyas?

Sobre El observador 113 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

3 Comentarios

  1. De veras q la FEU es una forma de vida, son los 5 años inolvidables de los cuales uno no puede desprenderse, pues es casi imposble pasar pagina cuando uno vive un sueño como ese

  2. Luis excelente artículo, excepcional, pero si mal no recuerdo el carnet había que entregarlo al concluir los estudios jajaja, te felicito y te envidio también por preservar tan valioso recuerdo.

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