Lo que Fidel Castro comentó sobre la muerte del Che

A propósito del aniversario 50 de la muerte de Ernesto Guevara en tierras bolivianas, proponemos varios fragmentos de la comparecencia de Fidel Castro ante las cámaras de la televisión cubana, en octubre de 1967, para explicar los análisis, las opiniones y los acuerdos que había realizado la dirección de la Revolución tras conocer la noticia sobre el asesinato del Che.

Analizando todos los antecedentes, todos los detalles, todos los aspectos: diarios, fotografías, noticias la forma en que se produce la noticia; toda una serie de datos, a nuestro juicio era técnicamente imposible fabricar esas pruebas.

Pero vamos un poco más lejos: en el seno del régimen boliviano, hay tal cantidad de contradicciones, tal cantidad de rivalidades y tal cantidad de problemas, que resulta absolutamente imposible, que en el seno de ese régimen, se pongan de acuerdo, ni siquiera para  decir una mentira. Eso es en primer lugar.

En segundo lugar, desde el punto de vista técnico, se necesitaría una cantidad de recursos y de experiencia que allí no existe; pero en tercer lugar lo más evidente de todo: ¿Qué sentido tendría para ese régimen fabricar semejante noticia? ¿Qué sentido tendría para ese régimen fabricar una noticia que a los diez días, a los quince días, a los veinte días se iba a poner en evidencia y se iba a demostrar que era mentira? No solo es extraordinariamente difícil fabricar una mentira de una manera tan perfecta que no se descubra rápidamente, sino que además carecería de sentido el inventar semejante noticia.

Pero además se les veía un poco cauteloso, no hacía diez o doce días habían dado una noticia similar pero la noticia duró unas horas. A las pocas horas, al otro día la desmintieron rápidamente. Después esta noticia comenzó a circular de manera muy persistente, se abstenían de dar una afirmación categórica. Los primeros rumores llegaron a través de fuentes, a través de periodistas; circulaban toda una serie de noticias y ellos se abstenían cuidadosamente de dar o hacer una afirmación definitiva.

Al parecer estaban tratando de obtener evidencias de manera que pudieran lanzarse a hacer la afirmación oficial sin temor a equivocarse. Ni al más imbécil, ni al más cretino de todos los gobiernos, y no hay duda de que el gobierno de Bolivia se caracteriza por el imbecilismo y el cretinismo; pero ni al más super imbécil se le habría ocurrido algo tan sin sentido, tan estúpido, tan imposible de inventar y tratar de probar como una noticia semejante, porque además carecería por completo de sentido.

Es indiscutible que el movimiento guerrillero en Bolivia está en una fase en que la supervivencia de los guerrilleros depende fundamentalmente de su propia capacidad, depende de su propia fuerza, digamos. Es decir, no es un movimiento que ha llegado al punto en que se va a producir una crisis  inminente, y una mentira de esta le permite a un gobierno ganar ocho, diez días, una semana. No era esa la situación.

La guerrilla está en el período, período que nosotros conocemos sobradamente bien, en que depende fundamentalmente de su propia fuerza. ¿Qué es lo que hacen los guerrilleros cuando escuchan una noticia semejante? Reírse, cuando la noticia es falsa, y por tanto no tiene ningún efecto con relación a los guerrilleros, y sí, por el contario, tiene un efecto y casi inmediato con relación al poco prestigio, a la poca credulidad con que pueda contar algunos de esos gobiernos.

Hago este razonamiento para comprender que ese tipo de noticias, es absolutamente ilógico que nadie trate de inventarla. Un poco para considerar los móviles por los cuales una noticia como esta se puede inventar. Es decir, que el móvil no es posible.

Y la coincidencia del diario, el contenido del diario, la zona donde el diario habla donde están, las fotografías, fotografías que no entrega el gobierno sino que toman los periodistas, toda una serie de características, nos permiten haber llegado a la conclusión absoluta de que la noticia es amargamente cierta.

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[…]

 La discusión que existe o las dudas que puedan existir, no se refieren fundamentalmente al hecho de la muerte en si, por lo menos las dudas que nosotros tenemos, sino que se refieren a la forma en que ocurrió la muerte, a las circunstancia que pueden haber conllevado a ese desenlace.

Debemos decir, las personas que conocemos íntimamente a Ernesto Guevara,  y decimos conocemos porque realmente de Ernesto Guevara nunca se podrá hablar en pasado; todo el tiempo que lo conocimos se caracterizó por un extraordinario arrojo, por un absoluto desprecio al peligro, por un gesto siempre en cada momento difícil, de peligro, de hacer las cosas más difíciles y más peligrosas; y así lo hizo en numerosas ocasiones durante toda nuestra lucha.

En más de una ocasión tuvimos que oponernos a la realización de las acciones que quería llevar a cabo, y sobre todo, en la medida en que íbamos apreciando sus magníficas condiciones de combatiente y la posibilidad d que pudiese servir a la Revolución en tareas o misiones de la mayor importancia estratégica, tratábamos de preservarlo de los riesgos de caer en algún combate.

Por otra parte muy consciente de la misión que se había asignado, de la importancia de su actividad, pensaba, como pensó siempre, en el valor relativo de los hombres y en el valor insuperable del ejemplo. Estas cosas formaban parte de su personalidad, nos habría gustado, por encima de todo, verlo convertir en forjador de las grandes victorias de los pueblos, más que precursor de esas victorias.

Pero es, que un hombre de ese temperamento, de esa personalidad, de ese carácter, de esa reacción siempre, ante determinada circunstancias, estuviese, desgraciadamente, llamado más a ser precursor que forjador de esas victorias. Y los precursores son también, desde luego, forjadores de las victorias; y por amargo que resulte, por doloroso incluso, cuando circunstancias como las que exponían, se presentan, de duda entre familiares allegados, no tengamos vacilación  en cumplir  ese deber.

Pero además ¿Qué sentido tendría para los revolucionarios mantener ilusiones falsas? ¿Qué se ganaría con ello? ¿Es acaso que los revolucionarios no debemos ser los más preparados para todas las circunstancias, para todas las vicisitudes, para todos los retos, reveses incluso? ¿Es que acaso la historia de las revoluciones, o de los pueblos revolucionarios se ha caracterizado por la ausencia de golpes duros? ¿Es que acaso los verdaderos revolucionarios no son los que se sobreponen a esos golpes, a esos reveses,  y no se desalientan? ¿Es que acaso no son los revolucionarios, precisamente, los que pregonamos el valor de los principios morales, el valor del ejemplo? ¿Es que no somos acaso los revolucionarios los que creemos en la perdurabilidad de la obra de los hombres, de los principios de los hombres? ¿Es que no somos los revolucionarios los primeros que empezamos por reconocer los efímero de la vida física de los hombres y lo perdurable y  duradero de las ideas, la conducta y el ejemplo de los hombres?

Si ha sido el ejemplo el que ha inspirado y ha guiado a los pueblos a través de la historia; y así ocurrió siempre. Ni los golpes más duros, durísimos golpes recibió nuestra revolución libertadora con la muerte de Martí y con la muerte de Maceo, y recibieron muchos movimientos revolucionarios, y siempre se sobrepusieron a los reveses y a los golpes por duros que fuesen.

¿Quién podría negar lo que significa el golpe que es la muerte del Che, para el movimiento revolucionario, el no poder contar ahora con su experiencia, con su inspiración, con esa fuerza que su prestigio imponía temor a los reaccionarios?

Es un golpe fuerte, muy duro, sin embargo nosotros estamos seguros de que él era, más que nadie, un convencido de que la vida física de los hombres no es lo principal, sino su conducta y solo así se explica, solo así encaja, dentro de su personalidad y su acción ese desprecio absoluto por el peligro.

El Che que yo conocí

[…]

He cumplido con esta amarga tarea que les he expresado. En el día de hoy se reunió el Consejo de Ministros y adoptó el siguiente acuerdo:

POR CUANTO: El heroico Comandante Ernesto Guevara murió combatiendo por la liberación de los pueblos de América, al frente del ejército de liberación de Bolivia.

POR CUANTO: El pueblo de Cuba recordará siempre los extraordinarios servicios que prestó el Comandante Ernesto Guevara, tanto en nuestra guerra liberadora, como en la consolidación y avance de nuestra Revolución.

POR CUANTO: Su conducta encarna el sentimiento internacionalista que inspira la lucha solidaria de los pueblos.

POR CUANTO: Su infatigable actividad revolucionaria, que no reconocía fronteras, su pensamiento comunista y su inquebrantable decisión de luchar hasta vencer o morir, su fe en la liberación nacional y social de los pueblos del continente y contra el imperialismo; constituye un ejemplo de convicción y heroísmo revolucionario que deberá perdurar imperecederamente.

POR TANTO: El Consejo de Ministros acuerda lo siguiente:

PRIMERO: Que durante treinta días a partir de este acuerdo la bandera nacional se izará a media asta, y durante tres días, a partir de las doce de la noche de hoy, se suspenderán todos los espectáculos públicos.

SEGUNDO: Se declara como fecha de recordación nacional el día de su heroica caída en combate, quedando instituido a tal efecto, el 8 de octubre como el día del guerrillero heroico.

TERCERO: Se efectuarán cuantas actividades sean conducentes para perpetuar, en el recuerdo de las futuras generaciones, su vida y su ejemplo.

A la vez el Comité Central de nuestro Partido acordó:

PRIMERO: Crear una comisión integrada por los comandantes Juan Almeida, Ramiro Valdés, Rogelio Acevedo y Alfonso Zayas, presidida por el primero de los mencionados compañeros, para orientar y dirigir todas las actividades encaminadas a perpetuar la memoria del comandante Ernesto Guevara.

SEGUNDO: Convocar al pueblo el próximo miércoles 18 de octubre, a las ocho de la noche para efectuar una velada solemne en la Plaza de la Revolución a fin de rendir tributo al inolvidable y heroico luchador caído en combate.

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Sobre El observador 71 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

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