Las 25 cosas que debes hacer ahora que ya tienes 25

Aunque es un post realizado para jóvenes españoles, algunas cositas sirven para todos los jóvenes que cumplimos 25 años.

Estas son las 25 cosas que vas a disfrutar de verdad ahora que ya te has estampado contra el muro de los 25.

1) Organiza tu economía
¡Chaval! Te habla tu padre literario. Hoy vamos a hablar de por qué a veces es más barato pedir un préstamo para pagar tus deudas que vivir al borde de la ruina y olvidar pagar los intereses. También te voy a enseñar el arte de “abrir el estado de tu cuenta para ver cómo van las cosas”, y haremos un repaso a tus servicios de televisión por cable para ver si podemos cambiar a uno que te convenga más. Como colofón, reforzaremos la idea de que no debes fidelidad a ningún banco solo porque una vez tuviste una cuenta de estudiante con ellos y te regalaron la tarjeta de descuentos para jóvenes entre 16 y 25 años que ya ni te sirve. ¿Te parece divertido? Pues no, es un verdadero tostón. Lo que sí puede ser la hostia es lograr quitarte la ansiedad que te provocan todas estas cosas. Organizar la economía es mucho más divertido que recibir un mensaje de texto del banco a principios de mes avisándote de que has excedido tu saldo.

2) Decide con qué amigos quieres crear recuerdos
A los 25, estás a tres años del verano infinito al que llamo “El verano en el que todos los idiotas que conoces se casan”, un verano que pasas en jardines, vigilando no decir tacos delante de la gente mayor y dándote cuenta de que meterte coca a escondidas cuando hay niños presentes no es buena idea. Para ti va a ser todo un reto estar rodeado de cursilerías y amor porque, mírate, estás condenado a quedarte solo.

Eso sí, solo pero con tus amigos. A los 25 estás en medio de dos grupos de amigos: los tarados que conociste en la escuela y los amigos adultos que puedes ver cada semana para ir a un bar. Ya tienes trabajo y cosas que hacer. Tienes que ir a bodas, pensar en cuentas bancarias y ahora te das cuenta de que una cuarta parte de tu vida se ha ido al garete. Ahora que el tiempo es finito, es más valioso. ¿Realmente tienes que llevarte bien con el tío con el que compartías piso en la universidad? Ese tipo que te pegó una vez en secundaria ahora te hace el 10 por ciento de descuento en las reparaciones del coche pero, ¿en serio lo necesitas? Esas chicas que te dejan en cuanto consiguen otro novio no tienen que ser tu prioridad, ¿o sí?

3) Aprende cosas nuevas
Cuando acababa de cumplir 20 años —antes de ser un diabético andante en potencia—, solía creer que lo más triste del mundo es la gente mayor que decide tener un nuevo pasatiempo y se apunta a cursos de aprendizaje para adultos. ¿Quieres aprender algo? ¿En tu tiempo libre? ¡Patético!

Pero ahora lo entiendo. Hace mucho tiempo que no aprendo nada nuevo. Además, es muy divertido aprender algo solo, sin que salga de un plan de estudios. Otra cosa que hago todo el maldito día es estar delante de la pantalla del ordenador. Estoy dispuesto a aprender a hacer cosas como escalar, cazar mariposas o jugar a bádminton con tal de que me alejen al menos una hora de Twitter. Quién sabe, igual hasta consigo ser feliz.

4) Escucha a tus padres
Ya eres un adulto, y como no te pueden regañar ni prohibirte que fumes, ahora esas dos personas que se parecen a ti y que te siguen llamando por teléfono para asegurarse de que comes verdura y te va bien con tus amigos son cada vez más irrelevantes. Solo vas a su casa cuando quieres que te hagan de cenar. Y aunque tu padre parezca aburrido (“Hijo o hija, solo hay dos cosas que disfruto, ver Fórmula 1 y pensar en Fórmula 1”), intenta ir con él a un bar y verás lo gracioso que es después de tres cervezas. No sólo te va a contar una infinidad de historias de cuando salía con muchas chicas antes de conocer a tu madre, también te van a sorprender con sabios consejos. Además, como no entiende tu mundo de Netflix, memorias USB y flash mobs, te hará sentir muy joven. Conoce a tus padres. Son mucho más guay de lo que crees.

5) Aprende a hacer cosas por tu cuenta
¿Se va la luz en tu piso cada dos por tres? ¿Sabías que puedes resolverlo tú mismo sin tener que llamar al dueño? Sólo tienes que cambiar la bombilla o los fusibles, dos cosas tan sencillas que puedes comprar en cualquier tienda. Montar muebles sin atornillar un estante al revés es tan satisfactorio que hasta podría guiarte al camino de la iluminación. Se oyen arpas y cantos angelicales cuando colocas una maceta sobre la nueva mesita de noche sin que se destruya o se incendie.

6) Márcate algún objetivo
Siempre he querido ir a Nueva York. “Siempre he querido ir a Nueva York”, le digo a la gente en tono melancólico cuando me dicen que acaban de regresar de Nueva York. ¿Tienen idea de lo modesto y patético que es ese maldito sueño? Podría hacerlo en cualquier momento. Podía ir al aeropuerto justo ahora e irme. Un viaje de ida y vuelta costaría unos 2.000 euros, contando todo lo que gastaría en los bagels que me comería. Si siempre has querido hacer algo, a la mierda todo, hazlo y punto. Tienes 25 años. ¿Quién te lo va a impedir?

7) Sé el tío o la tía más guay del mundo

Si ya salió un pequeño ser humano de tu cuerpo o del de tu pareja, te felicito por tener que ser alguien responsable por el resto de tu vida. Si no, busca a la prima joven o al sobrinito más cercano y esfuérzate por ser el tío o la tía más guay del mundo. ¿Qué? ¿Que tu padre no te quiso comprar esa caja de Lego porque te regalaron muchos en Navidad? ¡Adivina quién te acaba de comprar una caja de Lego! ¿Qué? ¿Qué tu madre no quiere jugar al Mario Kart contigo porque está demasiado ocupada haciendo todo lo necesario para que sigas vivo? ¡Adivina quién te va a ganar en la PlayaKoopa Troopa usando a Bowser, perdedor! Tienes que hacer que el niño te ame más que a sus padres y después huye a casa tan pronto como empiece a llorar o se haga popó o cualquier cosa que requiera la presencia de un adulto.

8) Haz algo los fines de semana
Netflix es como una droga que te obligara a no moverte demasiado y te hiciera ver todas las temporadas de Lost. El hecho de que Netflix te pregunte “¿Sigues ahí? Viste 100 episodios de Prison Break seguidos y ni siquiera hay tantos episodios así que seguro que has vuelto a empezar”, lo dice todo. Pronto, el servicio llamará a las autoridades para notificarles tu muerte si te quedas viendo The Office durante 60 horas seguidas.

Es fácil perder un fin de semana viendo Battlestar Galactica. Luego vas perder otro, y otro, hasta que termines diciendo: “No, no puedo salir, tengo que ver el final de la temporada”. Y un día, tus amigos van a dejar de llamarte. Cinco años después la gente preguntará qué fue de ti y alguien responderá: “Se volvió muy aburrido”. No puedes dejar que esto pase. Tus fines de semana son cruciales. Ve a galerías de arte. Ve a escalar. Ve a cualquier lugar donde no esté permitido abrir las piernas y dejar al descubierto tus asquerosos y sucios genitales.

9) Aprende a cocinar al menos un plato decente

Si sabes cocinar un plato con una nota de 8/10, significa que conseguirás acostarte con alguien (si eres guapo o guapa, puedes arreglártelas con un 7/10, es decir, un bistec decente o un guisado que esté hecho con sobras de hamburguesa). Te explico cómo funciona: invita a esa persona a tu casa, abre una botella de vino, lúcete cocinando frente a él o ella, prepárale sushi o guacamole —o hasta un crumble de manzana; créeme, un crumble de manzana es suficiente para que alguien se acueste contigo— y luego ve directo al grano. Querer tirarte a alguien al verlo mezclar los ingredientes de un delicioso crumble es un instinto básico.

10) Aprende a preparar pollo asado
Coge un pollo. Úntale el sazonador que viene en la caja y un poco de aceite de oliva. Corta dos limones en cuatro trozos e insértalos en la cavidad donde solía estar el ano. Si quieres (y tienes), añádele especias. Hornéalo durante una o dos horas. Listo. Ya has preparado un pollo asado. La piel está crujiente y la carne sabe deliciosa. Dale la vuelta y sácale las ostras. Come como un vikingo. Deja la carne que sobre para añadirla a los fideos que vas a preparar mañana. ¡Acabas de asar un pollo! ¡Eres genial!

11) No dejes que se te acabe la batería
Cuando acabas de entrar en los veinte, tu apariencia desaliñada que grita “llego tarde al trabajo porque salí de marcha el jueves y no he dormido bien” es cool. Eres el protagonista rarito de la película adolescente de tu vida. Eres como Zooey Deschanel, si Zooey Deschanel despertara en el jardín de un desconocido y se limpiara los dientes con el dedo para quitarse el mal sabor de boca. ¡Has pedido pizza en la oficina! ¡Eres tan joven!

Sin embargo, cuando cumples 25, los jefes dejan de creer que es gracioso que llegues a las 11 oliendo a sexo y alcohol. Un consejo: carga tu teléfono por completo antes de salir de fiesta. Para eso necesitas tener dos cargadores: uno en casa y otro en la oficina. Gracias a esta sencilla inversión, cuando despiertes con un increíble dolor de cabeza —en la playa o similar—, vas a poder enviarle un mensaje a tu jefe inventándote cualquier excusa, responder todas las llamadas de la gente que te está buscando, contestar correos electrónico para que tus compañeros no crean que eres un completo imbécil y pedir un taxi que te lleve a tu casa para que puedas ponerte ropa limpia e irte corriendo al trabajo. ¡Tienes 25 años! Sigues tomando malas decisiones cuando te emborrachas, pero al menos ya sabes como salirte con la tuya.

12) Modifica tu pasado
Cuando cumples 25, es probable que algunas de las tonterías que hiciste en tu juventud te avergüencen. Por ejemplo: te echaron de un bar, te gustaba Evanescence, fuiste nini por un año, construiste una choza de barro y editaste una foto para parecer como un alma solidaria ayudando a un grupo de niños hambrientos y usarla como foto de perfil en Tinder. En pocas palabras, fuiste la peor persona del mundo.

Es hora de que modifiques algunos momentos. Te acuerdas de ese tipo que conociste en la escuela y que cada vez que te lo encuentras en el bar le cuenta a todo el mundo aquella vez que no pudiste hacer unas flexiones en clase de educación física? Deshazte de él. ¿Aún tienes cartas de amor que escribiste en tu adolescencia? Quémalas. ¿El año sabático que te tomaste? Omítelo en tu CV. ¿Recuerdas toda esa ropa ancha que compraste hace dos años y que nunca te pusiste pero no te atreves a tirar porque te recuerda a tus años de juventud rebelde? Quémala toda.

13) Pero no olvides reír al recordar esos años
Por Dios, tenías un piercing en la ceja. Te quedabas despierto hasta las 4 de la madrugada escribiendo una novela. Te vendieron un cubo de caldo de pollo como si fuera hachís. Busca tu blog de poesía o tu perfil MySpace y ríete de lo ridículo que eras. En cierto modo, es increíble que hayas llegado tan lejos.

14) Date cuenta de lo bonito que es hacer una compra grande en el súper
Antes de los 25, la mayoría de las veces que ibas al súper terminabas comprando un paquete de galletas de marca genérica, 4 latas de refrescos y quizá un paquete de salchichas.

Abre los ojos y date cuenta de que comprar como mandan los cánones es maravilloso. ¿Te acuerdas de qué aspecto tiene una nevera la víspera de Navidad? Pues es el resultado de hacer buenas compras. Y podrías tenerlo en casa, todos los días, si tan solo fueras al supermercado una vez a la semana y compraras mucha carne picada, un paquete de pollo, cosas que estén de oferta y que podrías congelar, verdura, un paquete de yogures, una caja de té, un paquete de papel higiénico, especias y una bolsa de patatas congeladas que te olvidarás de haber comprado, enmohecerán y terminarán intactas en la basura. Un buen día de compras podría cambiar tu vida. Si no has comprado tres paquetes de cuatro latas de atún porque “estaban a muy buen precio”, no has vivido.

15) Salva animales o algo así
Deberías empezar a ayudar a salvar la tierra o al menos hacer que no esté tan jodida como en los últimos 25 años. Por ejemplo: la cocaína destruye los bosques. Cada vez que descargas la cisterna, tu pipí contamina ocho litros de agua limpia. Tu persona es peor que un cuarto lleno de latas de aerosol quemándose y atadas a un submarino nuclear en el delta del Níger. Rescata a un gato o algo así. Haz labor voluntaria. Encuentra una asociación que ayude a algún sector que te preocupe (aunque sea un poco) y dónales dinero o un poco de tu tiempo. Has pasado 25 años siendo un cerdo egoísta. Busca un nuevo tipo de felicidad que solo puedes alcanzar si dejas de ser un imbécil.

16) Dale unas monedas a los indigentes
La próxima vez que alguien te pida una moneda y tengas una moneda, simplemente dásela. No pienses en qué las van a usar. No recuerdes todas esas historias aterradoras de indigentes que se aprovechan de idiotas como tú y juntan dinero suficiente para comprarse una casa lujosa. Esa persona está sentada en el suelo con un perrito temblando porque no tiene una casa con una silla donde sentarse. No te cuesta más que unas monedas ser amable con él o ella.

17) Aprende a vivir con alguien más
Limpia las migajas que dejas en los muebles, lava la ropa a menudo, trata de apuntar en la taza cuando hagas pipí —algo que el gerente de tu oficina probablemente tuvo que recordarte de forma sutil por medio de un correo electrónico grupal—, si dejas un mojón monstruoso en la taza del baño, descarga la cisterna. Es tu mierda. ¿Qué clase de persona eres si no tiras de la cadena para desechar tu propia mierda?

18) Trata de probar cosas nuevas en el sexo sin estar borracho

El sexo joven es perfecto, pero probablemente hasta ahora lo has hecho gracias a la adrenalina que sientes sólo cuando bebes como si te hubieran lanzado de cabeza al mar. El sexo después de los 25 es genial: ya sabes lo que te gusta, lo que no te gusta y lo que eres capaz de hacer. Eres muy bueno haciéndolo y lo has hecho tantas veces que ya puedes relajarte.

19) Cuida tu cuerpo
¿Sabías que hay vitaminas que pueden ayudarte con esa sensación constante de cansancio? ¿Recuerdas ese sonido que hace tu hombro al moverse? Ve al doctor para que lo revise. Tal vez sólo necesites un buen masaje. Tal vez tienes una enfermedad poco común en el hombro. Pero sólo el doctor puede diagnosticarla.

Pues resulta que Hulk Hogan tenía razón cuando decía que tenías que tomar tus vitaminas. Y Mr. Motivator tenía razón cuando te aconsejaba ejercitarte todas las mañanas. De cierta forma, los ancianos en leotardo son los sujetos más sabios que existen. Por eso es tan raro que les guste vestirse como pervertidos. Pero da igual, lo importantes es que hagas ejercicio y comas bien de vez en cuando. Te vas a sentir muy bien.

20) Ten un objeto valioso que salvarías si tu casa se incendia
Antes de los 25, las únicas cosas que hubiera salvado si mi casa se incendiara habrían sido: un par de calcetas con hoyos, mi pasaporte y, no sé, ¿mis llaves? ¿Para qué quiero mis llaves si mi casa se está quemando? No lo sé. Ahora tengo un juego de cuchillos muy buenos. Así estaría yo: sin calcetas, sin pasaporte, con mi casa en llamas, caminando hacia el horizonte, sonriendo y cargando mi juego de cuchillos (si sólo pudiera llevarme uno, escogería el más grande).

21) Trabaja en algo que te guste
El país está en ruinas y la mayoría de nosotros tenemos suerte de tener un trabajo, el que sea, sin importar si nos gusta o no, pero a los 25 estás en un punto en el que no tienes muchas responsabilidades y aún te quedan remanentes de esa actitud de “a la mierda, me voy a Tailandia por seis meses”, que solías tener en tu juventud. Si algún día quieres cambiar de carrera, regresar a la escuela, dejar todo y trabajar por tu cuenta o irte a otro país, ahora es el momento indicado para hacerlo.

22) Interésate en la política
No importa si te equivocas, es bueno que quieras salir de la ignorancia y empezar a ver cosas como noticieros y tratar de entender de lo que hablan. Tal vez siempre has tenido interés en la política (basta con que hayas fumado mota en una habitación con un poster del Che Guevara). De hecho, es muy alentador tener una opinión informada sobre un tema, en especial cuando ganas una discusión en un bar porque te tomaste la molestia de leer un artículo en el periódico. Lee los panfletos que te dan en la calle.

23) Deja de intentar ser un héroe
Meterte un cóctel de drogas y quedarte despierto toda la noche no te va a convertir en Hunter S. Thompson. Hablar a toda velocidad sobre pies no te va a convertir en Quentin Tarantino. Ahora eres una persona. Ya no puedes escapar. Deja de ahorrar para comprar la misma chaqueta de piel que usó Drake en el video de “Fuckin’ Problems”.

24) Tómate un brunch
Te vas a volver adicto al brunch. No equivale a una comida completa pero a medida que tus noches de juerga se acortan y tus resacas se alargan, créeme, cada vez te va a gustar más esta comida.

25) Acepta que estás creciendo
Existe una teoría que dice que tu cuerpo reemplaza todas sus células cada siete años, todas, hasta tus huesos, sus venas y esa protuberancia rara que tienes en la cabeza. Es cierto y falso a la vez, pero lo importante es la analogía: eres totalmente diferente al flacucho que solías ser a los 18 años con ese flequillo imposible. ¿Lo recuerdas? Ese chico que tenía toda una vida por delante.

Míralo de este modo: si tienes 25 años, cuando salió el primer iPhone tenías 18 años. ¡Mira los nuevos iPhone! ¡Antes eras un iPhone y ahora eres un iPhone6! ¡Ya tienes una cámara frontal y una trasera! ¡Puedes grabar vídeos en cámara lenta! ¡Eres mucho más ancho que antes pero también eres más plano!

El cambio es bueno, en parte. A menos que hayas cometido asesinatos en serie o algo así, ahora eres una mejor persona que antes. Te has pulido y te sientes más cómodo contigo mismo. Tal vez tu corte de pelo es mejor y ya sabes delinearte las cejas. También es probable que uses mejores vaqueros. Es algo digno de celebrar, ¿no? Ya no eres tan joven, ya no vas a ser el que invente nuevas palabras, ya nadie te va a felicitar cuando hagas algo bien porque ahora se supone que eres una persona competente, pero eso es bueno.

Mucha gente tiene miedo a envejecer porque se les acaban las primeras veces, temen no volver a sentir mariposas en el estómago cuando les gusta una persona, o tienen miedo de caer en la mediocridad y terminar trabajando en una distribuidora de muebles de fácil montaje.

Pero no es así. Envejecer consiste en buscar nuevos intereses en lugar de aferrarte desesperadamente a las cosas a las que estás acostumbrado. No seas uno de esos tarados que van tomarse una café vestidos en pijama para hablar con sus amigos sobre lo mucho que echan de menos Los cazafantasmas.

Tomado de VICE

Sobre El observador 71 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

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