Inocencia: Cinco documentos que debes conocer antes o después de ver la película

Es imposible no hablar de Inocencia la más aplaudida película cubana de los últimos tiempos. El filme narra de manera novedosa los hechos vinculados al fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina y destaca la figura de Fermín Valdés Domínguez.

El pasado 2 de marzo disfruté enormemente de la película y aunque más adelante escribiré sobre ella, hoy quiero regalarles cinco documentos que se mencionan en el filme y que te resultaran muy interesantes.

Las cartas de despedida de los estudiantes

En el filme a los estudiantes se les da la posibilidad de retractarse de su posición y asumir el castigo. Estos, en cambio, utilizan las hojas de papel para despedirse de sus familiares durante la hora que estuvieron en la antigua capilla.

A continuación la transcripción de tres de las cartas dejadas por Anacleto Bermúdez (uno de los personajes que más me impactó durante todo el filme), Alonso Álvarez y Eladio González:

[Mis queridos padres y hermanos]: hoy [que] es l último momento de mi vida me despido de Uds. y que se consuelen pronto. Les recomiendo en particular a mi Lola   y que ella guarde mi sortija y que la leontina que tiene mi hermano que se le entregue a Lola. Sin más y écheme la bendición y no olviden mi [re]comendación. 

Anacleto Bermúdez y Piñera

Lola acuérdate de mí, tu Anacleto

Habana y noviembre de 1871

***

Mi queridísimo mamá y hermanas y ahijada: te dirijo ésta para decirte que me excuses de todo lo malo que te he hecho, lo mismo le dirás a mis hermanas. Te envío con el Administrador de Correos el reloj y las dos mosquitas del pecho. En el escaparate que sirve para la ropa de mesa, está un dije negro de oro el cual regálaselo a mi hermana mayor. La sortija tuya quiero que vuelva a tu poder, cómo un último recuerdo.

Los relojes, uno para papá. El que tú me diste para ti.

El portamonedas también te lo dejo, lo mismo que el lapicero, par Tomasa.

La cadenita de leontina para mi hermana María.

Os quiere entrañablemente y os envía su último adiós

Tu hijo que te verá en la gloria.

 (F.) Alonso Álvarez y Gamboa (Rúb)

Mis demás objetos distribúyelos a tu gusto.

Memorias a todos mis amigos y que le dispense en todo lo que le he hecho. Me he confesado como cristiano con el padre Miguel de San Felipe, que le va a hacer una visita. Tu hijo que te quiere mucho el último adiós que te doy.

(F.) Alonso Álvarez y Gamboa (Rúb)

***

Cerra: un pañuelo que tiene Domínguez cógetelo en prueba de amistad y dale este que te incluyo. Mira si mi cadáver puede ser recogido.

Eladio González

¿Quién fue Periquito Pérez?

La defensa de Federico Capdevilla

Me demoré en darme cuenta que el actor que encarna al personaje Federico Capdevila y Miñano era Caleb Casas. A Caleb lo recordamos de la serie de aventuras cubanas La atenea está en San Miguel  pero su única aparición en el filme me impresionó sobremanera.

A continuación una copia del texto de defensa que Capdevila pronunció en el primer consejo y que llevaba escrito. Reconocerá usted fragmentos que fueron utilizados en el filme.

Triste, lamentable y esencialmente repugnante es el acto que me concede la honra de comparecer y elevar mi humilde voz ante este respetable Tribunal, reunido por primera vez en esta Fidelísima Antilla, por la fuerza, por la violencia y por el frenesí de un puñado de revoltosos (pues ni aun de fanáticos puede conceptuárseles), que hollando la equidad y la justicia, y pisoteando el principio de autoridad, abusando de la fuerza quieren sobre ponerse a la sana razón, a la Ley.

Nunca, jamás en mi vida, podré conformarme con la petición de un caballero Fiscal que ha sido impulsado, impelido a condenar involuntariamente, sin convicción, sin prueba alguna, sin hechos, sin el más leve indicio sobre el ilusorio delito, que únicamente de voz pública se ha propalado.

Doloroso y altamente sensible me es, que los que se llaman voluntarios de la Habana hayan resuelto ayer y hoy dar su mano a sediciosos de la Comuna de París, pues pretenden irreflexiblemente convertirse en asesinos, y lo conseguirán, si el Tribunal a quien suplico e imploro, no obra con la justicia, con la equidad y con la imparcialidad de que está revestido. Si es necesario que nuestros compatriotas, nuestros hermanos, bajo el pseudónimo de “Voluntarios”

nos inmolen, será una gloria, una corona por parte nuestra para la Nación española, seamos inmolados, sacrificados, pero débiles, injustos, asesinos ¡jamás! De lo contario será un borrón que no habrá mano débil que lo haga desaparecer. Mi obligación como español, mi sagrado deber como defensor, mi honra como caballero, y mi pundonor como Oficial, es proteger y amparar a inocente, y lo son mis cuarenta y cinco defendidos; defender a esos niños, que apenas han salido de la pubertad, han entrado en esa edad juvenil, en que no hay odios, no hay venganzas, no hay pasiones, pues es una edad en que como las pobres e inocentes mariposas revolotean de flor en flor aspirando su esencia, su aroma y su perfume, viviendo solo de quiméricas ilusiones. ¿Qué van ustedes a esperar de un niño? ¿Puede llamárseles, juzgárseles como a hombres a los 14, 16 o 18 años poco más o menos?  No; peo en la inadmisible suposición de que se les juzgue como a hombres ¿dónde está la acusación? ¿dónde consta el delito de que se les acrimina y supone?

Sres: Desde la apertura del sumario he presenciado, he oído la lectura del parte, declaraciones y cargos verbales hechos, y, o yo soy muy ignorante, o nada, nada absolutamente encuentro de culpabilidad. Antes de entrar en esta sala, había oído infinitos rumores sobre los alumnos o estudiantes de medicina habían cometido desacatos y sacrilegios en el Cementerio; pero en honor de la verdad, nada aparece en las diligencias sumarias. ¿Dónde consta el delito, ese desacato sacrilegio? Creo y estoy firmemente convencido que solo germina en la imaginación obtusa que fermenta en la embriaguez de un pequeño número de sediciosos.

Sres. Ante todo somos honrados militares, somos caballeros; el honor es nuestro lema, nuestro orgullo, nuestra divisa; y con España siempre honra, siempre nobleza, siempre hidalguía, pero jamás pasiones, bajezas ni miedo. El militar pundonoroso muere en su puesto: pues bien, que nos asesinen, mas los hombres de orden, de sociedad, las naciones nos dedicarán un opúsculo, una inmortal memoria. He dicho.

Cárcel de la Habana, 27 de noviembre de 1871. Capitán graduado Federico R, y Capdevila.

¿Pudo José Martí escuchar alguno de sus poemas declamado?

La carta de Valdés Domínguez

En el filme aparece recogido el momento en que Fermín abandona sus responsabilidades con sus pacientes para hacer que el hijo de Gonzalo Castañón certifique que la tumba no fue profanada. A continuación, el texto entregado por Valdés Domínguez:

17 En.o 1887. –Sr. D. Fernando Castañon.- Muy Sr. Mío:

El día 14 del actual, y en el acto de la exhumación de los restos de su Sr. Padre el Sr. D. Gonzalo Castañon, tuve el honor de suplicarle encarecidamente que, para satisfacción personal mía, se sirviera declarar que, según se evidencia a simple vista, no se observaba señales de violencia ni en el cristal ni en la lápida; en el concepto de que solo desea está declaración, no para hacer de ella arma política, sino para dejar esclarecido un hecho que pertenece a la historia.

Es cuanto tiene que pedirle a V. su seguro servido Q. B. S. M. (F.) Fermín V. Domínguez.

Conforme a lo que V. desea y me suplicó en momentos en que mi ánimo experimentaba honda perturbación, declaro hoy cumpliendo la promesa que entonces le hice, que es exacto y conforme a la realidad lo que V dice en su carta.

Queda con este motivo V atento y s. s. q. b. s. (F.) Fernando Castañon. Habana 17 Enero 1887.

* Se ha respetado la ortografía original de cada uno de los textos.
Fuente: Luis Felipe Le Roy y Galvez. A cien años del 71. El fusilamiento de los estudiantes. Editorial Ciencia Sociales, 1971.
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Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

1 Comentario

  1. La verdad es que la intervención de Caleb Casas como Federico Capdevilla en la película es muy fiel al documento original.
    Ya era hora de que los jóvenes cineastas cubanos comenzaran a hacer películas “bonitas y buenas”, no con los clichés gastados de la “cultura cubana”.
    Inocencia es monstruosa (en el mejor sentido de la palabra), sensacional. Nunca se ha llevado más hondo en el alma La Bayamesa.

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