Identidad vs imperialismo cultural

Por estos días, la mayoría de las memorias flash van de puerto -USB- en puerto en busca de la última entrega de la saga Rápido y Furioso. Y es que, para los cubanos, la octava parte de esta cinta tiene un significado “especial”.

Simplemente, los primeros doce minutos del filme fueron grabados en la estereotipada Habana, junto a la estereotipada sociedad cubana. Algo que no hace la menor gracia, por la inconsecuencia de algunos con el respeto a nuestra identidad.

Pero si de consumo cultural aberrante se trata, hay mucha pacotilla que debe ser víctima del shift+delete (eliminar). Películas como la protagonizada por Vin Diesel (Toreto en Rápido y Furioso), reallitys, novelas, show de farándula y otros productos (in)comunicativos foráneos, han contaminado las computadoras y DVDs cubanos con la banalidad en su estado más puro. Por desgracia, somos nosotros mismos quienes damos el acceso a esas superproducciones, embajadoras del imperialismo cultural.

Ese imperialismo que, como plantea la Teoría de la Dependencia, “en su afán de extender su dominio expande símbolos y signos para imponer su ideología y lograr un pensamiento único”.

Lo que pretende el imperialismo cultural es “penetrar y dominar sistemáticamente la vida cultural de las clases populares por parte de las clases gobernantes de Occidente, con el objetivo de reorientar las escalas de valores, las conductas, las identidades de los pueblos oprimidos para hacerlos concordar con los intereses de las clases imperialistas”.

Entonces, ¿por qué preferir materiales que nada tienen que ver con el sentir y el pensamiento del cubano? ¿Por qué queremos parecernos a superhéroes hollywoodenses cuando aquí, tenemos los nuestros, que representan lo más autóctono de la cultura cubana? ¿Por qué adoptar modas impuestas por las grandes cadenas imperiales?

En las respuestas a esos por qué, entran como excusa, sin duda, la calidad de algunos productos realizados en casa. Es cierto, a veces se venden materiales poco atractivos a la vista, aunque, en cuanto a contenido sean de lo mejor. Faltaría entonces trabajar en la forma, para satisfacer a una audiencia que necesita de la explotación de la riqueza cultural de esta Isla. Por suerte, RTV Comercial trabaja en el asunto. Dígase Sonando en Cuba, Bailando en Cuba o La otra Guerra…

De esa manera, al tener al alcance propuestas como las anteriores, de seguro la mayoría se convencería de que es mejor y más interesante bailar un Son del Buena Vista Social Club con La Bella del Alhambra que pedirle al Rápido y Furioso Vin Diesel que te Suba la Radio para escuchar a Enrique Iglesias.

Por: Anniel Hernández Villa

Sobre El observador 71 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

1 Comentario

  1. Tan mala que está la película: la acción montada en carros ya es un muñeco soporífero que le aulla a las taquillas por su salvación.

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