Espíritu de apagón

En estos tiempos de restricciones energéticas, que afectan al sector estatal, rememoro con añoranza un hecho comunitario del cual los cubanos fuimos actores principales: el apagón. Considerado como un fenómeno socializador esta falta de fluido eléctrico, que por etapas llegó a ser normado, un día para unos y otro día para otros, generaba toda una actividad extra en los hogares cubanos.

Apenas llegaba el apagón los vecinos se reunían en los balcones de los edificios, en los portales de las casas, en los parques, las aceras, en fin, en cuanto espacio quedara libre en el barrio. El escenario quedaba listo para iniciar con las historias de siempre por todos escuchadas: las anécdotas del tío en el Servicio Militar, los chismes de mamá a dúo con la vecina, los pronósticos beisboleros de papá, los recuerdos de la infancia de la abuela; a la luz, o mejor, a la sombra de las velas subían a escena los aparecidos, los niños del diente largo, los güijes de las cañadas acompañados de algún sonido oportuno que hacía poner los pelos de punta.

Con tales espectadores era hora de las muchachadas: jugar a los escondidos y a los atrapados, perseguir cocuyos para después interrogarlos con preguntas inocentes, convertir las paredes en verdaderos zoológicos de sombras aprovechando nuestros dedos, y hacer del tiempo la fabrica perfecta de cuanta travesura llenara de vida y alegría los hogares. Mientras sudábamos la gota gorda a la luz de la luna, alguna que otra niña, pequeña aun para formar parte de la atlética tropa, inundaba el ambiente con la letra de la canción de moda.

Cuando no había electricidad la vida se volvía más sosegada y teníamos tiempo para casi todo, incluso para contemplar las estrellas que en esas noches brillaban con una intensidad especial. Mirándolas e intentando unir sus puntos, formábamos acrobáticas constelaciones, al tiempo que importunábamos las luces parpadeantes de un avión extraviado en la inmensidad del manto nocturno.

Ni el mismísimo Elpidio Valdés al ver llegar los refuerzos mambises era tan feliz como nosotros al sentir el motor del carro de la Empresa Eléctrica. La vida se detenía: todos observamos expectantes los movimientos de los linieros mientras mamá se preguntaba si ya habría pasado la novela. Otras veces, nos sorprendía la luz como un relámpago y veíamos encenderse los equipos que ya ni recordábamos haber dejado prendidos.

Mucho se ha perdido desde entonces. La gente ya no conversa en la cuadra, los cocuyos sufren de obesidad, los fantasmas se han mudado de país, la gente no ve la misma novela y el carro de la luz sale como «palmas y cañas» una vez cada siete días. Hasta el pobre Pepito, protagonista incansable de los pícaros cuentos por todos aprendidos, ha quedado rezagado al vulgar repertorio de algún humorista de ocasión.

Hoy cuando las personas sufren una «electrificación mental» y los dedos no hacen mas que aferrarse a iluminados displays, no nos vendría mal, de vez en cuando, un apagón o al menos su espíritu.

Sobre El observador 71 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

2 Comentarios

  1. Me encanta! Hoy es la primera vez que accedo al blog! Prometo que desde hoy seré lector y comentarista permanente del sitio.
    Como ahora no dispongo de mucho tiempo, solamente diré que estoy 95 % de acuerdo con el artículo; muy bien elaborado por cierto.
    Yo tengo historias muy particulares que remiten a los años de 1992 y 1994 cuando de verdad los “apagones” o “alumbrones” se sintieron no como figuras o sustantivos abstractos sino como personificaciones concretas de la realidad de aquel momento, que llegaban a su hora sin falta cada día.
    Solo decirles por ahora que mis dos primeras palabras, cuando tenía solo tres meses de vida fueron: “la lú”. Ni “papá” ni “mamá”, solo la “la lú”, por supuesto, la historia es mucho más interesante. Me alegraría contarla en otro momento con más tiempo.

  2. Puedo asegurar(no se si a los tres meses o un poquito más)que lo que dice Delvis en el último párrafo es totalmente cierto.
    Hoy descubrí el bog, me gustó mucho, prometo hacerle la visita con frecuencia.

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