¿Esperanza? [La Enfermedad Crónica de Vivir]

¿Cuántas veces hemos escuchado decir a las personas mayores, en especial a los de la tercera edad, la manida frase: la juventud está perdida? A veces me pregunto si será verdad, si todo lo negativo que experimentamos es causado por jóvenes perdidos, o si el futuro poco luminoso que imaginamos los pesimistas será consecuencia de la acción o inacción de este segmento poblacional. Lo cierto es que muchas de las malas conductas que se ven a diario en el entorno social no distinguen como autor a ningún grupo de edades específico.

Por mi parte observo siempre un poco de todo, desde una mala conducta hasta una acción edificante. Considero que la felicidad puede ser autoinducida y para ser consecuente con esa idea, trato de fijar en mi memoria las cosas buenas que vivo a diario.

Una de las epopeyas que diariamente me toca experimentar es el traslado desde mi casa hasta la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, donde trabajo. Es toda una experiencia, uno aprende de todo, desde lo que salió en una prueba, hasta anatomía y algún que otro chisme universitario. En hora punta (ocho am, doce del día y cuatro y media pm) la guagua de la ruta tres es un hervidero de gente, es tanta la densidad humana que se traslada en ella que le daría envidia a los responsables del número cirsense de meterse veintitantas personas en un auto pequeño. Yo he visto entrar en ella cerca de ochenta personas y el chofer con su cantilena de:

-Un pasito más que quedan dos abajo.

En latas de conservas, la carne viene menos apretada que los tripulantes de la tres. Hay filántropos y sociópatas que se han vuelto misántropos en sólo un viaje.

Yo, por mi parte, trato de imbuirme en mi mundo, en mi burbuja empañada; cuando monto y hay mucha gente. Me pongo música de la que me gusta, bien alto, para olvidarme o adormecer mis inhibiciones. Por esta costumbre me sucedió lo que cuento:

En uno de esos días calurosos donde el sudor corre más que Usain Bolt, me encontraba en el pasillo de la tres sin tan siquiera la posibilidad de cambiar de postura. En mis oídos sonaba la voz de Angela Gossow, exvocalista de Arch Enemy. En una de las paradas, el chofer de la guagua abre la puerta de atrás y se monta un niño de 7 u 8 años con su madre. Estaba tan apretado el lugar que tenían al niño a punto de llorar. Con cada frenazo el muchachito soltaba un alarido que opacaba la voz gutural  de la Gossow.

Cuando la situación se tornó insostenible para la integridad física del infante, uno de los pasajeros le cede el asiento. Para mis adentros me alegré mucho, una sonrisa se me apareció a flor de labios. Comencé a pintar el porvenir de color verde esperanza. Y lo que más placer me daba era que el que brindó humildemente su asiento era un muchacho del IPI “Lázaro Cárdenas”, estudiantes que han demostrado lo que es la barbarie personificada en adolescentes, sobretodo en esta clase de transporte público. El resto del viaje lo hice incómodo, tal y como venía desde el principio, pero con ese sabor dulce de futuro no tan incierto en la boca.

Al llegar y en cuanto me bajo de la guagua le comento, todavía sonriendo, lo sucedido a una amiga que también se bajaba en ese momento. Ella me miró incrédula e inquisidora:

-¿Qué estabas haciendo en la guagua? Tú no oíste que tuve que pedirle hasta en mala forma que le diera el asiento al niño

Y la esperanza fue cambiando de color.

Sobre alex92 12 Artículos
Lic. en Ciencias de la Información. Técnico Medio en Informática. Aficionado al más universal de los deportes, loco por la música Rock y los libros.

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