En espera de que lleguen los “grandes”

Las personas juegan lo que está de moda: pelota si es el Cásico Mundial, Baloncesto si hay Final de la NBA (y si hay aro claro), fútbol si hay Champions, Liga, etc., hasta quimbumbia acuática si no hay nada en la tele.

A días del inicio del mundial, aumenta en número los jugadores de futbol en cuanto parque, descampado, calle o arboleda tienen nuestras ciudades. Hace un tiempo, mientras caminaba, me sorprendió un espectáculo poco cotidiano.

Un grupo de personas jugaban al futbol de barrio, el de vallitas, el de tres pa’ tres. Lo extraordinario de este suceso no estaba en el balón, ni en la estrategia de juego básica (presiona, resbala, empuja, intimada con gritos y celebra el o sufre, el gol) sino en la composición de los equipos.

En contra de todos mis recuerdos de infancia, estos muchachos jugaban con los niños del barrio. Es decir se mezclaban grandes y chicos, donde los mayores simulaban atacar fuerte, correr más rápido, patear más duro. Ellos habían permitido que los jugadores de menor estatura y edad del barrio, se convirtieran en estrellas del vecindario.

Los pequeños se convirtieron en los mejores jugadores en su posición

Mucho hablan las personas, la prensa, la escuela, sobre la búsqueda de una convivencia más inclusiva. Yo creo que esa era la verdadera inclusión. Pues a falta de jugadores “élite” para iniciar el juego de verdad, esos muchachos (juventud que no está perdida) prefirieron desarrollar el talento de los peque como porteros sagaces, inmejorables delanteros o los más férreos defensas.

Mientras toda la calle los mira, ellos disfrutan del juego “chiquito” dándoles el protagonismo infantil que merecen. En definitiva hoy 1 de junio día Internacional de la Infancia escribo estas líneas como homenaje a aquellos futbolistas anónimos, que juegan con los chiquitos, en espera de que lleguen los “grandes”

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Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

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