El Himno Nacional ¿canto o maltrato?

Desde pequeños nos enseñan a saludar la bandera y a cantar el himno nacional, el de los bayameses y Figueredo que es el de todos; pero existen malas costumbres, ya heredadas y casi arraigadas, que parecen no tener solución solo con colocar la encomiable letras detrás de una libreta escolar.

Muchas veces se critica a las personas que, al profesar una determinada religión, no cantan el himno nacional, ni dejan que sus hijos lo entonen en la escuela. Al menos ellos no lo cantan pero tampoco ofenden a ninguno de nuestros símbolos patrios y en la fila de los escolares se mantiene callados a la espera.

Si usted es de los que critica esta postura, póngase a escuchar como chapurrean los niños y los mayores el himno, omitiendo palabras, transformando otras bajo el silencio cómplice del murmullo o hablando y riendo cuando se está izando la bandera. En esos momentos da vergüenza ser ateo.

Y qué decir de aquellos que sin profesar fe alguna no se les nota ni siquiera el movimiento de los labios. Preste atención a un juego de beisbol de nuestra serie nacional, en especial al instante donde se «entona» el himno nacional, para que usted compruebe la vistosidad de los colores del uniforme porque canto no verá, ni escuchará (a menos que lo coloquen en la amplificación local).

Nuestros ilustres peloteros, salvo contadas excepciones, asumen las posiciones reglamentarias antes del partido, gloriosa gorra en pecho, pero no cantan el himno. ¿Alguien se los prohíbe? Si usted no quiere sufrir un infarto, mejor no mire para las gradas.

Acaso ¿nos da vergüenza cantar el himno nacional? ¿Son estos acordes patrios solo para los niños en la escuela? A ningún cubano le deberían ser ajenas las notas del himno nacional, por una cuestión moral y ética, si desde pequeños nos inculcan el amor a la tierra donde uno nace, el respeto a nuestros próceres y mártires y a nuestros símbolos ¿Por qué dejarlos a un lado?

El respeto al himno y a la bandera no debe quedar para la nostalgia de la infancia, ni para envalentonar sentimientos de cubanía en tierras ajenas. Posición hipócrita la de aquellos que sollozan al escucharlo en latitudes lejanas y jamás se dignaron a cantarlo en Cuba.

El himno no nos puede ser ajeno, cuando caminamos y se está entonando e izando el pabellón patrio (es mejor no tocar el tema de las condiciones en que se izan algunas banderas en Cuba, que de tan gastadas y en harapos parecen traídas de las guerras por la independencia), lo menos que podemos hacer es detener  la marcha y mostrar respeto por los símbolos que acompañaron y siguen acompañando a miles de cubanas hasta la muerte.

No todo esta perdido, he visto cubanos, niños y grandes, deportistas y amas de casa, entonar las notas que se notan, y no caer en el palabreo sin sentido. El himno cuando se canta hay que hacerlo a conciencia no porque lo dicten normas formales, se canta de forma vigorosa, sin gritería pero si murmullo.

Si queremos que este mal se elimine, debemos predicar con el ejemplo, he visto niños de pañoleta azul cantar el himno de mejor manera que su padre, el cual debiera ponerse azul de la vergüenza, porque si nosotros no cantamos el nuestro y lo hacemos bien  ¿quién lo hará?

Sobre El observador 75 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

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