El Bache [La Enfermedad Crónica de Vivir]

Apareció allí, de repente. Como una maldición divina caída del cielo o venida de las entrañas de la tierra. En la madrugada cuando todos dormían se oyó un extraño ruido. Joaquín Anastasio fue el primero que lo vio. Salió tempranito a ordeñar las vacas y al cruzar la calle principal del pueblo cayó en el agujero. Quedó anonadado, no era la primera vez que veía o caía en un bache, el pueblo estaba plagado de ellos, pero nunca había visto uno de tamañas dimensiones.

Todos comenzaron a buscarle explicación y origen al accidente topográfico. Humbertico, el dentista, decía que había sido un temblor de tierra, pero nadie le creyó puesto que no se había sentido ninguno en el pueblo. Gonzalo, el veterinario, postulaba que se había originado por un corrimiento de tierra debido a la erosión de los suelos, pero de esto no tenía evidencia. Hasta hubo quien dijo que el hueco era producto de un meteorito que había caído y que la NASA lo había recogido y borrado la memoria de todos en el pueblo.

A Herminio Sigfrido no le interesaba saber el porqué, ni el cómo del bache. Él era el presidente del gobierno del pueblo y como tal debía arreglar el desperfecto ocasionado por semejante abismo en la calle principal del pueblo. Siempre preocupado por el bienestar de su gente hacía todo lo que podía para mejorar la calidad de vida de sus gobernados. No tenía límite en sus obligaciones, lo mismo organizaba las fiestas populares que despedía duelos en el cementerio. Por eso la cuestión del bache lo tenía tan preocupado.

Se convocó a todos los dirigentes del gobierno y de las empresas con sede en el pueblo y en asentamientos colindantes para definir el plan de acciones a seguir. Facundo, el economista, entregó un presupuesto con el que se asfaltaría la calle principal, solucionándose de esta forma la preocupación del bache.

Cuando fueron a contratar los servicios de asfaltado, alguien dijo que era necesario señalizar la obra por lo que se designó un por ciento del presupuesto con estos fines. El cartel demoró en hacerse cerca de seis meses. Las lluvias en este espacio de tiempo agrandaron el accidente.

Herminio fue personalmente a la planta de asfalto con la factura para arreglar cuanto antes el bache, pero allá le dijeron que no había entrado la piedra de hormigón, que se esperaba para el mes siguiente.  El presidente del gobierno no se quedó de brazos cruzados y regresó al pueblo con un especialista para evaluar el estado de la carretera. El hombre aquel al ver el tamaño y la profundidad del hueco se cruzó de brazos y una mueca de contrariedad afloró en su cara. Expresó que era necesario montar unas casas de campaña especiales para los obreros puesto que el asfaltado iba a demorar unos cuantos días. Ni corto ni perezoso, Herminio utilizó otro por ciento del presupuesto para ello. Las casas estuvieron listas en un mes.

Esperanzado salió de nuevo el presidente del gobierno hacia la planta de asfalto. Esta vez había asfalto, camiones, aplanadoras, obreros, de todo. Pero cuando entregó la factura le dijeron que ese presupuesto era insuficiente. Contrariado una vez más tuvo que regresar al pueblo.

Se volvió a convocar otra reunión extraordinaria con el bache como único punto en el orden del día. A todos se les pusieron los ojos como balones de fútbol y las caras como arcoíris al escuchar cuanto costaba el arreglo de la calle según lo que habían dicho en la planta de asfalto. Un grupo de personas cada vez más grande comenzó a defender el bache, total, si ya llevaba casi un año y ya a nadie le molestaba. Cuando la votación arrojó que la calle principal se quedaba como hasta ahora hubo que discutir lo que se haría con el dinero sobrante del presupuesto. Después de horas de debate, tormentas de ideas, minutos para ir al baño e insultos se llegó al acuerdo de alquilar una carroza para las fiestas populares. La votación se cerró con una ovación a la persona de Herminio Sigfrido. A la postre la carroza no pudo pasearse por el pueblo por el mal estado de las carreteras.

La gente comenzó a querer al bache. Les servía de escondite a los niños, como piscina en el tiempo de lluvia e incluso fue utilizado como trinchera en los bastiones y preparaciones para la defensa.

Y ahí se quedó sin explicación alguna, tal como llegó. Ya forma parte de la identidad del pueblo. Tanto es así que yo mismo, narrador omnisciente no recuerdo como se llamaba antiguamente el pueblo del bache. Lo que nadie se ha dado cuenta, o no han querido hacerlo, es que el bache continúa creciendo y terminará algún día por engullir al pueblo entero.

Sobre alex92 12 Artículos
Lic. en Ciencias de la Información. Técnico Medio en Informática. Aficionado al más universal de los deportes, loco por la música Rock y los libros.

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