El Arte [La Enfermedad Crónica de Vivir]

A mis profesores Gimley y Daily, ellos pueden corroborar la veracidad de lo siguiente

Yo soy un tipo chistoso o al menos me lo creo. Me paso la vida haciendo cuentos, buscando rimas y dobles sentidos. Vamos, soy cubano, y eso, en menor o mayor medida, lo hacemos todos los hijos de esta isla. Pero una broma nunca me hizo menos gracia que ésta.

En segundo año de mi carrera (Licenciatura en Ciencias de la Información) hay que pasar una asignatura llamada: ¨Apreciación de las Artes Visuales¨. Desde el principio me gustó recibirla. Ella venía a llenar vacíos, que por mi cuenta, no habría podido y me enseñó mucho. Siempre tuve la reticencia de que por qué sólo dedicaríamos el semestre a la pintura, la escultura y la arquitectura. Yo quería incluir la música y la literatura y de una vez y por todas tumbarle el ¨visuales¨ al nombre de la asignatura.

El contenido de una de las primeras conferencias era la conceptualización de arte. Así que nos ensalzamos hora y media viendo qué dijeron los estudiosos sobre el tema. Desde los filósofos clásicos como Aristóteles hasta los investigadores contemporáneos como Umberto Eco, experto en semiótica; todos los conceptos desfilaron por el aula en una tediosa clase. Es por eso que se me ocurrió soltar un chiste. En las conclusiones de la clase, donde todos los estudiantes daban su propia visión, dije que el arte era, conceptualizando a mi manera:

Morirte de frío

De más está decir que nadie entendió. Mi profesor enseguida se puso a pensar, a desenredar poco a poco la madeja de mi frase, como si cada letra constituyera un enigma.

Poco después le nació una sonrisa en cuerpo y alma como si fuera Atenea al saber que le dedicarían la ciudad estado más importante de toda Grecia y de paso que había hecho morder el polvo a Poseidón.

Claro, ella les daba el aceite de oliva, pero el dios de los mares podía haber permitido descubrir América antes y regalarles a los atenienses la papa para freírla en el regalo de su sobrina. Si eso hubiera ocurrido la ciudad se hubiera llamado Atedón o Posenea, o cualquier otra mezcla que se les ocurriera de los nombres de los dioses.

Pero basta de divagaciones, el profesor elogió mi frase y nos dejó una tarea donde cada uno debía escribir una poesía para justificar mi postulado y así terminó la clase. Y no me dio tiempo a explicar el chiste.

Fue una semana larga. A mis compañeros del grupo no les gustaba leer y menos escribir poesías para el ¨profe de arte¨. Cuando se encontraban conmigo me dedicaban unas miradas que iban desde la cólera de Hefestos cuando descubrió in situ su cornamenta en forma de Afrodita sobre Ares hasta la resignación del águila destinada a comerle crudo el hígado de Prometeo (al enterarse del precio de las cebollas en la carretilla de las parcas). Pero, a pesar de todo, en la siguiente clase todos habíamos escrito algo.

Hicimos un recital de poesías, cualquier taller literario nos hubiera envidiado aquella tarde. Yo era el último, por supuesto, el anfitrión siempre se sirve al final. Cuando todos terminaron y ya por fin iba yo, el profesor se paró y declamó con todo el sentimiento su poema. Me puse del tamaño de un microbio, todo había sido una broma y mira a dónde habíamos llegado. Tenía unos deseos de invitar a una copa a Sísifo y contarle que todos, al igual que él, empujábamos una piedra.

Casi al finalizar la clase leí mi poema y fui a la pizarra. Expliqué que por el poco tiempo disponible no me habían dejado explicar la frase, que era un chiste. Escribí en la pizarra ELARTE, así, sin espacios y expliqué:

– No entendieron por la ortografía, le falta una hache.

Y escribí la dichosa letra en la pizarra, de forma tal que quedó HELARTE

-Por eso es que es morirte de frío

Al instante se calmó la vorágine de voces en el aula. Era un recurso mejor que disparar al aire dos veces para exigir silencio y atención. A nadie le dio risa. Y se podía oír el sonido de los inexistentes grillos y el revolotear de las moscas, que si habían.

Sobre alex92 12 Artículos
Lic. en Ciencias de la Información. Técnico Medio en Informática. Aficionado al más universal de los deportes, loco por la música Rock y los libros.

1 Comentario

  1. El observador y yo muchas veces nos “elamos” en nuestras clases de Apreciación literaria. Fuimos verdaderos témpanos de hielo perdidos en un mar de sinalefas, símiles, sinécdoques, zeugmas, hemistiquios, polisíndeton, etc.
    Tenía que gustarte mucho “elarte” para poder soportar aquello.

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