El amor a dos voces

Padecimientos crónicos

Tengo dos maneras de clasificar la atracción humana, la primera y más común es la física, que es la que lleva a todos los niños del aula a ser escolta permanente de la muchachita más “frondosa” del grupo; a promoverte un amor platónico por tu cantante favorito o ese típico choque de la mirada con quien reúna todos los requisitos que definen tu prototipo de persona ideal.

El otro caso es más complejo, existen datos que por más que te esfuerces, el color de los ojos, los cm de altura o su peso corporal no te los van a aportar; y entonces sabes que te sientes atraído a medida que pasa el tiempo y conoces más a esa persona.

La segunda manera es mucho más fascinante, es todo un misterio y a veces ni eres consciente de tus sentimientos, pues solo te dejas llevar por lo placentero de compartir tu tiempo con alguien interesante. Ahí deja de importar la manera, la necesidad es no perder el vínculo, comienzan a volverse habituales las coincidencias (a propósito, o no) en lugares comunes, con situaciones diversas, temas inagotables, excusas perfectas para volverle a hablar.

Puede incluso llegar a asustarte un poco si tienen demasiadas cosas en común o cuando te percatas de que, muy al contrario, no tienes idea de por qué te atrae si son polos tan opuestos.

Comienzas a ser consciente de que algo no es normal cuando no logras separar su nombre de cualquiera de tus temas de conversación o situaciones diarias.

Llegado ese punto le preguntarás a un amigo si puede volverse crónico el padecimiento y responderá tu pregunta con otra, “¿no estarás enamorado?”.

El amor visto por la ciencia

El amor es cursi

Quién no ha sentido ese cosquilleo súbito al ver aparecer de repente a esa persona que le atrae; el tartamudeo, la cara sonrojada, la risa incontenible, las palpitaciones desordenadas, las ganas interminables por cada encuentro, la necesidad de un abrazo sanador.

Sin dudas el amor tiene magia y lo sabes cuando logra ponerte cara de tonto de solo recordar a la persona que enciende luces en ti. Los machos rudos comienzan a dedicar canciones y las chicas pierden el apetito con el sobresalto de saber que casi pasan a recogerlas para salir.

Regalar flores, poemas, escribir “te amo” en medio de la calle, llenar un árbol de grullas de papel puede ser cursi, pero es que el amor es cursi y no pasa de moda.

El amor te pone alas, te hace soñar, te redescubres creativo y poeta, ávido de estrenar besos y necesitado de no perder ni un segundo de compartir cada experiencia con la persona elegida.

Enamorarse, aun con el riesgo de un profundo dolor en el pecho como resultado, es la sensación plena de vivir, de saberte dueño de tus días, es la certeza de la muerte de tu egoísmo al constatar, con el tiempo, que dejó de existir el “yo” para surgir el “nosotros”.

2 Comentarios

  1. Hay que alejar al amor de lo cursi; transformar las maneras de representarlo, hacerlas más originales, auténticas, para no aburrir, cansar al destinatario.
    Amar es también crear.

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