¿Qué escribiría el poeta que al volver de distantes riveras viera otra bandera en vez de la nuestra? Aunque no podemos pensar por el poeta, estoy seguro que como pronosticó, ya fallecido levantaría los brazos para defenderla de la guerra simbólica y verdadera que se nos hace.
Tras los sucesos de diciembre de 2014 se ha propagado (porque ya existía) la aparición en lugares públicos, y como objeto decorativo, la enseña del país de las barras y las estrellas.
Bajo el ligero y frívolo argumento de que ahora ¨somos amigos¨ aparecen las banderas norteamericanas en todas partes, hasta convertirse en un asunto familiar: el tío la cuelga en el almendrón, la madre la lleva en la blusa, la hermana mayor la tiene en una lycra ajustada al cuerpo, el hermanito la ve en sus mediecitas, y el padre la conserva en una pagatina en la bici con que va al trabajo.

Bajo el ligero y frívolo argumento de que ahora ¨somos amigos¨ aparecen las banderas norteamericanas en todas partes.
Este fenómeno del abanderamiento foráneo no es nuevo… ¿Recuerdan la inundación de banderas inglesas que arribaron a Cuba a raíz de los Juegos Olímpicos? Parecía que el tiempo había dado vuelta atrás hacia 1762: miles de prendas llevaban la bandera inglesa: gorras, pullovers, blusas, pantalones, etc. y la lista daría para hacer un puente hasta el Big Beng.
Los pobladores de La Habana (y todo el país) habían sido invadidos (o se habían dejado invadir) por los ingleses.Ahora el fenómeno se repite y con más fuerza. Para los ilusos que creen que es una causa olímpica, aun estoy esperando la explosión de estandartes brasileños y que marque la samba el ritmo. ¡Caramba tan cerca Brasil y copiar al inglés!
Giremos 18o grados y miremos a nuestro alrededor. Es triste, penoso e ilegal (se viola la ley 42) ver ondear banderas que parecen traídas de las guerras de independencia por estar desechas en pedazos o descoloridas, por no hablar del olvido, ante la lluvia que se convierte en aguacero o de la nocturnidad que muchas de ellas sufren al estar aun izadas cuando hace buen rato se ocultó el sol. La negligencia nos pasa por al lado y tal parece que a nadie le interesa… cuando te interesas la culpa siempre cae en el custodio.
El último congreso de la UJC abogó por la distribución de la bandera cubana en varios espacios, se han hecho algunas acciones dirigidas a otorgarles banderas a grandes centros, se ha comercializado a través de la Casa Editora Abril pero aun sigue faltando presencia en el resto del país y los precios mul altos.
Los hechos bochornosos que se han divulgado de la utilización de la bandera como un vestido o en un delantal en venta no deben repetirse. La paranoia no nos pude consumir, he visto muy buenas formas de llevarla en la ropa, de sentirse cubanos a la cubana y con bandera.

El tema no es de nivel cultural, hace algún tiempo escuché a un profesor universitario preguntarse cuál era el problema con qué apareciera la bandera cubana en bikinis si los deportistas cubanos la usaron como pullovers en los pasados juegos olímpicos. ¡La respuesta es obvia!, al menos para mí.
A pesar de todo, lo bueno y lo malo, me queda el sinsabor de no poder colgar en el balcón de mi casa mi banderita cubana, esa que guardaba con cariño después de cada tribuna abierta o marcha del pueblo combatiente. Haciendo una evaluación y entre tantas banderas que ondean ¿Dónde está la mía?
Sobre este tema tengo consideraciones muy particulares, que en este comentario no voy a exponer con totalidad, pero próximamente sí.
Solamente debo decir que, creo yo, es un asunto histórico-político y social: fueron muchos años de prohibiciones, por considerar (y no solo la simbología de una bandera) diversionismo ideológico o como quiera que se le llame a elementos que supuestamente, eran contradictorios con nuestra ideología. Sé perfectamente que la historia Estados Unidos-Cuba es antagónica de principio a fin, si de política se trata. Pero la bandera de los Estados Unidos no es solo eso, creo yo que se le ha estigmatizado y muy negativamente desde la postura del cubano aun ultraconservador.
La bandera de un país no solo entraña una raíz política, no, entraña también una historia, que en el caso de los Estados Unidos es una historia, como la nuestra, hermosísima (y no lo digo yo, lo confirman los estudiante de la carrera de Lengua Inglesa que estudian la selección de lecturas del M.Cs. Dagoberto Rodríguez Abrahantes titulada así mismo: Historia de ls Estados Unidos)
Por lo tanto, no encasillemos a la simbología de una bandera en un único campo semántico: el de la política. Es la bandera también del pueblo americano, y lo queramos o no, está unida a la nuestra por lazos de hermandad mucho más fuertes de lo que se imaginan.