De(s) Conciertos [La Enfermedad Crónica de Vivir]

Quiero darle las gracias al pulpo, a Pedrito O´Reilly, a Carlos Abreu, a Yeni Turiño, ojalá se repita la invitación para volver a las andadas.

Todo empezó con una guitarra, no precisamente envuelta en papel crepé. Regalo de un amigo. Es un pequeño amasijo de madera con un triste y lúgubre orificio en el medio, que más que amplificar silencia las vibraciones de sus cuerdas. La recibí con gran beneplácito y comencé a rasgar el silencio para mala fortuna de oídos cercanos. Nunca aprendí a poner acordes.

Mi hermano, que acababa de terminar su bachiller y había aprobado sus pruebas de ingreso a la universidad, fue el que con mucho esfuerzo aprendió a sacarle sonidos a aquel instrumento. Empezamos interpretando canciones de Melendi, Carlos Varela, Ricardo Arjona, entre otros buenos músicos. Nos dimos cuenta que la música no era lo nuestro.

Somos unos cabezadura y no nos bastó con nuestra percepción, ni la de los oyentes cercanos. Decidimos crear nuestras propias canciones. Claro, tenemos la teoría de que nuestra interpretación se oye mal cuando la comparas con las originales, pero si hacemos canciones nuestras ese paradigma comparativo se torna inexistente.

Sin menguar la ilusión comenzamos a experimentar. Siempre me ha gustado leer, escribir es el siguiente paso por lo que guardo una colección de poemas fruto de mis amores platónicos. Aunque nunca me he enamorado ni de un plato ni del filósofo griego. Así comenzaron a aparecer un racimo de canciones nuestras como Esta ciudad, Lágrimas artificiales (pido perdón por usar el nombre de un colirio que precisamente uso para mis lentes de contacto), Si me faltas, entre otras muchas.

Con el tiempo nos fuimos convirtiendo en el terror de los CVP del Multipropósito, plaza elegida para saciar nuestras inquietudes artísticas. Comenzamos a andar y desandar el barrio guitarra al hombro. No faltó quien nos diera ánimos antes de escucharnos y condolencias después.

Un día un borracho nos pidió una canción y se ofreció, después de oírla, a ser nuestro manager. Hasta nos quiso tumbar las letras. Una amiga de mis padres que en esos momentos trabajaba de promotora cultural nos invitó y en una actividad de la Casa de la Cultura de Los Sirios tocamos por primera vez. Fueron dos canciones y un nerviosismo que podía a los puños con los dos.

Un profesor de guitarra que nos oyó comenzó a darnos lecciones, pero con el tiempo no pudimos continuarlas. Eran días de estudio en la universidad. Pero nuestra gestora de espectáculos no se quedó de brazos cruzados y nos programó un “concierto” en la ECOA 13, a medio camino hacia la universidad. Así que, un domingo a la una de la tarde salimos de la casa, con una guitarra prestada, con ese destino. Yo creo que Odiseo se hubiera rendido, Homero se sentiría orgulloso de nosotros con la azarosa travesía que hicimos.

Tuvimos que pedir botella cerca de media hora, avanzamos unos kilómetros en la parte de atrás de una camioneta, cogimos una guagua y caminamos otro poco. Pero nuestro orgullo crecía a cada momento.  Fue un duro golpe, nuestro público era cerca de media docena de críos que no llegaban a los diez años y para colmo no nos sabemos ni una canción infantil. De todas formas, hicimos lo que teníamos programado con el mismo orgullo con que llegamos. Fueron pocos los aplausos y lo digo (o escribo) literalmente. La única muestra de reconocimiento social que cosechamos fue que cuando esperábamos la 3 se oyó un grito lejano:

-Allá van los hermanos Céspedes

Llegó la culminación de mi carrera y tuve que quitarle el tiempo a la música. Pero después de graduarme estamos retomándola con ímpetu. Luego de pedir, implorar y hasta caer mal nos invitaron hace unos días a la peña “La Hora de los Mameyes” que tiene lugar en el local de la Asociación Hermanos Saiz todos los viernes a las seis y media de la tarde. Ni cortos ni perezosos asistimos y regalamos tres canciones. Creo que al público le gustó, por lo menos aplaudieron.

Sobre alex92 12 Artículos
Lic. en Ciencias de la Información. Técnico Medio en Informática. Aficionado al más universal de los deportes, loco por la música Rock y los libros.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.