Cuba, la nueva torre de Babel

Terminal llena de gente, varios turistas le piden al empleado de Vía Azul información sobre el arribo del ómnibus con destino a La Habana, y este casi por señas, en ausencia del dominio del idioma, les comunica que deben esperar 10 minutos para confirmar su viaje.  

Una oleada de choferes asalta a un grupo de visitantes extranjeros bajo el slogan de taisi, taisi en pleno parque, más adelante otra horda pero en este caso de (re)vendedores de tarjetas los abaten uno tras otros con un sonriente tarjetas mai fren.

Jóvenes franceses se interesan por varias artesanías en un quiosco de venta en los cayos villaclareños, ante el poco conocimiento del artesano sobre la lengua del amor, una bella muchacha ofrece sus servicios de traducción a buen pago.

No hay que ser matemático para encontrar el denominador común en cada historia: la conversión de la isla pequeña del Caribe en una auténtica torre de Babel. Desde funcionarios públicos hasta vendedores, pasando por estudiantes, amas de casa, niños, ancianos, etc. en fin cualquier cubano de a pie, a caballo o en lada, se enfrenta cada día a cientos de turistas que descubren y caminan nuestras calles.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en el primer semestre de 2016 llegaron 2 147 919 visitantes foráneos de los cuales el 36% provino de Canadá (donde se habla tanto el francés como el inglés), el 8.7% pertenece a la Comunidad Cubana en el exterior, el 6.3% proviene de los Estados Unidos y 5.8% hablan la lengua alemana. Cierran este ajiaco lingüístico los franceses e italianos con 4.7% y los ingleses con un 4.6% del total.

Causas y consecuencias

Desde los anuncios de restablecimiento de las relaciones entre EE.UU. y Cuba, nuestro país se ha ubicado entre los destinos preferidos de turistas y excursionistas. Recuerdo que los titulares hace algunos años sobre la llegada de visitantes hablaban del millón, el 25 de diciembre de 2016 se informó el arribo de tres millones 700 mil visitantes. ¡Cuánto ha cambiado el panorama! Cuando los cálculos más conservadores plantean un crecimiento superior a los cuatro millones para el 2017 una pregunta se impone ¿Cómo enfrentar la avalancha lingüística?

Mas allá de la obligada consulta de bibliografía en otro idioma para nuestros estudios, el deseo de hacer amigos foráneos a través de redes sociales o de superación personal, lo cierto es que acercarnos a una lengua no materna se ha convertido en una necesidad casi vital para colocarnos en una realidad multilingüe a la que desde hace varios años nos estamos exponiendo.

Desde el punto de vista económico, los trabajadores por cuenta propia tendrán que asumir la superación como una práctica, los dueños de hostales y casas de descanso van a la vanguardia, pues muchos de ellos contratan o se convierten en guías turísticos in situ, otros tantos como artesanos, choferes de alquiler, vendedores de casi todo, y cuanto cubano quiera acercarse al viajero ávido de conocer tendrán que sumarse.

Los retos que imponen esta apertura al mundo no solo se deben asumir en el sector no estatal porque, a mi entender, con mayor premura le corresponde esa tarea al sector estatal. La escena que dio inicio a este comentario no es ficticia, realmente el agente de venta de Vía Azul se quedó sin palabras. Diariamente camareros, salvavidas, carpeteros, bailarines, personal de seguridad, etc. están en contacto directo con el turismo y aunque no lo parezca en plena faena, muchas veces chapurrean alguito como el viejo cuento del indio: Yo querer comer.

Entonces como prestar un buen servicio si se carece de estas herramientas, estaremos condenados a recurrir a la mímica para ofrecer la más mínima información. Aprender uno o varios idiomas en la Cuba actual no parece ser cosa de aprobar una materia en la escuela, ni capricho de un joven que pretende emigrar, y mucho menos asunto de un futuro lejano. Todos los esfuerzos son pocos para no convertirnos en la nueva torre de Babel donde nadie logre comprender a su semejante.

No fueron los marcianos, sino los turistas los que llegaron ya ¿Estaremos preparados?

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Sobre El observador 113 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

1 Comentario

  1. Es evidente que saber al menos tres idiomas es una necesidad hoy día. No es preciso ser el Papa Francisco y saber diez idiomas de carretilla; con un conocimiento básico nos podemos comunicar, como mínimo, con esos turistas que nos visitan a diario.
    Cienfuegos es una ciudad privilegiada, en cuanto a la visita diaria de turistas. Últimamente los estoy viendo hasta en bicicletas haciendo sus tours característicos.
    Lo curioso en muchos casos es que los propios turistas, saben comunicarse mejor en español, que nosotros en el idioma de ellos (independientemente de cuál sea)
    Fui partícipe de algo singular en estos días: una japonesa, en el parque Martí me pidió indicaciones en español; pero no solo en español: me las pidió utilizando un español perfecto como el que se estudia con Otilia de la Cueva. De más está decir la sorpresa que me llevé.
    Con mucho gusto le indiqué dónde quedaba el Palatino, luego le pregunté de donde era (en español por supuesto) y la sorpresa fue cuando me dijo: Japón, pero que además, era la primera vez que venía a Cuba.
    Sin embargo, asumí que había viajado a otros países de habla hispana con regularidad, pues su fluidez y entonación del español eran casi perfectos.
    ¿Nos hace falta aprender idiomas solamente por la necesidad de viajar al extranjero? Por qué no puede ser un hobby, tener una pequeña libreta con vocabulario foráneo en nuestras mochilas. Por qué forzarlo, cuando puede convertirse en algo divertido como compartir palabras en italiano o inglés en una parada de guaguas.
    Este es un mensaje para todos; cada uno de nosotros es capaz de adquirir ese conociemiento, pues me parece que hemos evolucionado lo suficiente como para lograrlo siempre que se quiera.
    Recuerden lo que dijo Martí (y cuanta razón tuvo): “Los conocimientos se fijan más, en tanto se les da una forma más amena”

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