¡Caramba Genaro! Vivito y lanzando

Estadio Genaro Melero, principal centro deportivo de Jatibonico, en Sancti Spíritus. AIN FOTO/Oscar ALFONSO SOSA

Hoy 25 de septiembre se cumplen 117 años del natalicio de Genaro Melero, único pelotero cubano que vivió lo suficiente como para poder lanzar en el estadio que lleva su nombre. Este ejemplar pelotero nacido con el siglo XX, regaló al beisbol más que su nombre para un terreno, pues fue autor de impresionantes victorias, muchas de ellas perdidas en el tiempo.

A continuación les presentamos un fragmento de un libro en fase de terminación sobre la vida personal y deportiva de este excepcional jugador:

Jatibonico, martes 25 de noviembre de 1986. Todo está listo para la reinauguración de un parque beisbolero que es motivo de orgullo para sus pobladores, y admiración para quienes no creen que el nombre del terreno fue un regalo de un humilde lanzador y trabajador del central azucarero, que aun vive para lanzar la primera bola: el Genaro Melero.

Genaro avanza hacia la lomita. Por segunda vez inaugurará un estadio en su terruño y va recordando su niñez en Chambas, sus inicios en el beisbol y los fuertes días de trabajo en el Central Jatibonico bajo el ardiente sol.

De sus oficios como narigonero, peón de molinos, peón corredor de guarapos, operador de máquina desmenuzadora, engrasador de molinos, ayudante de máquina moledora, petrolero en el departamento de locomotoras, fogonero de locomotoras y maquinista, aprendió la necesidad de la disciplina y la entrega al trabajo.

Se encarama en el montículo y ve desfilar delante de sus ojos a grandes del beisbol cubano e internacional: José de la Caridad Mendez, el Diamante Negro; «Paíto» Herrera, «Jorocón» Wilson, Julio Rojo y Martín Dihigo. Desde el dugout Alfonso Luque le guiña un ojo picarescamente, quizás para que no olvide el duelo a ceros que entablaron en el ´23.

Aunque hace cuatro décadas se retiró del deporte activo aun mantiene el brazo fuerte. Hace algunos estiramientos. Está acostumbrado Genaro a lanzar en inauguraciones, lo hizo en el Yara Park y en el Estadio de Vertientes, pero en esta ocasión solo será la primera bola.

En el home está su rival dentro del diamante, Aurelio Agramonte listo para conectarle la bola al casi invencible Genaro Melero.  El receptor pide bola fuera,  Genaro  acepta y lanza… Aurelio abanica el madero y conecta con fuerza una línea.

Funcionarios del deporte se le acercan y le regalan una gran fotografía donde se reconoce a si mismo, sonriente y juvenil, vistiendo en 1923 la franela del equipo Villa Clara como refuerzo. Genaro recorre con su vista las gradas del moderno estadio y se siente dichoso a sus 86 años ya cumplidos.

Cuando los gallos espirituanos dejan fuera de combate a sus contrincantes de Ciego de Ávila 13 carreras por 2 en siete entradas, Melero sabe que sus pupilos darán batalla, en este, su estadio.

Lo que no sabe Genaro es que en menos de tres años, en ese mismo terreno donde el pueblo que lo ha visto lanzar miles de veces le otorga nuevos vítores, se entablaría una batalla mortal entre Las Villas y La Habana, y que por mucho tiempo se recordaría la épica victoria de los villareños en la Selectiva de 1989.

Sobre El observador 71 Artículos
Luis Ramón Campo Yumar Licenciado en Letras en la Universidad Central de Las Villas. Espirituano de nacimiento, villaclareño por adopción. Cubano 100%

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