Una oportunidad para la imaginación

El observador abre hoy una nueva sección en la cual podrás disfrutar de las creaciones de los jóvenes cubanos en el terreno del arte y la literatura. Si tienes un cuento, poema, ensayo o cualquier otra forma de creación literaria no dudes en enviárnosla a acespedes@uclv.cu y comparte los productos de tu imaginación con todos nuestros seguidores.

El observador

En busca de un lugar

por Alejandro Céspedes Villegas

Escribo estas líneas para, en el caso de que encuentren nuestros cadáveres, sepan cual fue el motivo por el cual hemos llegado a estos desolados parajes. Comprendan la determinación de un grupo de personas que solo tenían el objetivo de vivir en paz con el Señor y alejados de la violencia y la maldad de los agentes terrenales del diablo. Así pues, este pequeño diario sirva para hacer constar nuestra historia e intenciones.

No daré nuestros nombres puesto que no tenemos bienes que legar y nuestra descendencia marcha con nosotros. Si hemos llegado al fin de nuestro camino, el altísimo nos ha de juzgar y de nada valdrán las recriminaciones de nuestros carnales semejantes.

Corre el año de 1689. Llevamos mucho tiempo de viaje en pos de un lugar donde asentarnos, lugar que no hemos encontrado todavía. Nuestros víveres ya escasean y los ánimos disminuyen a cada paso, pero nuestra fe es un pilar cuando ya disminuyen nuestras fuerzas. Sin apenas poder andar me siento a relatar nuestras desventuras de la que el mal supremo es el responsable. Somos más de una treintena distribuida en siete familias que cansados de los desmanes y azotes hemos tomado con la ayuda de Dios nuestro destino en propias manos. Todos nacimos en San Juan de los Remedios, villa fundada por españoles en Cuba.

El lugar de nuestro nacimiento ha sufrido los embates de bandidos que por la fuerza han saqueado la poca riqueza de que disponemos. Hasta nos vimos forzados a disfrazar con pinturas los bellos altares de la Iglesia Mayor. Las tropelías de uno de estos piratas nos llevaron a donde estamos hoy. De nada valieron las quejas de los vecinos al mando español, pues los guardas huyeron despavoridos cuando llego el Olones con sus ansias de sangre y muerte. Su odio hacia todo lo español fue la perdición de nuestra villa.

Al principio las incursiones de bandidos fueron sobrellevadas por los pobladores. Si, nos quedaban la rabia y el desaliento, pero después de algunos meses se recuperaba lo perdido. Los piratas siempre llegaban y exigían dinero y víveres para sus embarcaciones y así asegurar la navegación en pos de otro botín más grande. En ocasiones, alguna muchacha era raptada para exigir un rescate, casi siempre era respetada pues de ello dependía el pago de lo exigido. Los pobladores de tanto soportar estos desmanes empezamos a organizarnos y combatirlos. Los guardas, que eran pocos no podían enfrentarse y ganar debido al número y la cobardía.

Así creamos partidas de vecinos que patrullaban velando el sueño de sus conciudadanos, todos partían de la iglesia y mantenían sus rondas, cada cierto tiempo se volvían encontrar en el punto de partida. Una noche, la noche fatal, estaba de guardia cuando vi en las afueras un grupo de hombres armados. Esa noche no contactaron con nosotros, ni yo me atreví a inquirir el porqué de su presencia porque eran muchos. Enseguida avise al gobernador y a la mañana siguiente estábamos todos los hombres disponibles, armados y listos para reprimir cualquier intento agresivo.

El capitán de los piratas mando esa misma mañana un emisario a parlamentar. Este nos dio las exigencias de su jefe y nos contó que no tenían especial interés en nuestro asentamiento ya que el capitán, el Olones, como se hacía llamar el bribón, quería surcar las aguas del mar Caribe hacia Centroamérica en pos de un buque español cargado de tesoros.

El gobernador pidió unos días de plazo para responder. Luego de que se retirara el pirata, todos los vecinos nos reunimos para tomar la decisión. Era imposible darle lo que quería el Olones puesto que requería abandonar casi todas nuestras reservas de alimento. Casi todos estuvimos de acuerdo en expulsar a semejante malhechor hacia la costa. Así lo hicimos pero ese demonio se defendió admirablemente, capturo a un grupo de los nuestros y los degolló a la vista de todos, prendió fuego a las casas después de saquearlas y se refugió en su barco. A los pocos días dejamos de ver las negras alas de la muerte sobre el mar y la bandera fatal de la calavera.

Era imposible soportar más esa situación, para mí, la mejor forma de vivir dignamente consistía en asentarnos en un lugar más alejado de la costa. Fui compartiendo esta idea con mis vecinos, pero no todos estuvieron de acuerdo. Después de un tiempo en el que reunimos alimentos, agua y recogimos nuestras posesiones, partimos hacia el sur en busca de un lugar mejor.

Este éxodo nos ha llevado hasta aquí, ya en extremo desesperado, sin nada con lo que subsistir, todavía creo en la salvación de mi alma. Imploro a Santa Clara encontrar nuestro destino. Me siento responsable de las vidas de mis parientes y las familias que he arrastrado conmigo, pero tengo fe en, que si morimos, nos encontraremos en el cielo.

Santa Clara, escucha nuestras plegarias y ayúdanos!

Han pasado dos días desde la última vez que escribí. Luego de descansar un rato continuamos viaje. Pasamos cerca de un rio en el que calmamos la sed. Ahora estamos a la vista de una loma. Un árbol de tamarindo corona si cima, creo que hemos llegado.

Gracias, Santa Clara

Sobre alex92 12 Artículos
Lic. en Ciencias de la Información. Técnico Medio en Informática. Aficionado al más universal de los deportes, loco por la música Rock y los libros.

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